
El diálogo impulsado por CADOMEX abre una oportunidad para transformar la inversión y el comercio bilateral en encadenamientos productivos, transferencia tecnológica, expansión de las mipymes y empleos de mayor calidad para la República Dominicana.
El almuerzo-conferencia organizado por la Cámara de Comercio e Inversión Dominico-Mexicana, CADOMEX, constituyó mucho más que un encuentro protocolario. La participación de la vicepresidenta Raquel Peña, del ministro de Industria, Comercio y Mipymes, Eduardo «Yayo» Sanz Lovatón, así como de empresarios y representantes diplomáticos, convirtió la actividad en un espacio oportuno para reflexionar sobre el presente y, sobre todo, sobre el futuro productivo de la República Dominicana.
La conferencia «Desarrollo de la economía dominicana», pronunciada por el empresario Manuel Estrella, puso sobre la mesa una realidad alentadora: el país ha recorrido un camino extraordinario de crecimiento y transformación. Según expuso, el tamaño de la economía dominicana se multiplicó aproximadamente por 18 entre 1966 y 2026, evolución vinculada, entre otros factores, con la continuidad democrática y la estabilidad política.
Ese progreso representa una plataforma sólida desde la cual puede construirse una nueva etapa de desarrollo. La economía nacional ha evolucionado desde una estructura basada principalmente en la agricultura y las exportaciones tradicionales hacia otra más diversificada, con una participación relevante del turismo, las zonas francas, la construcción y los servicios financieros.
El desafío ya no consiste únicamente en crecer. La meta debe ser convertir ese crecimiento en mayor productividad, innovación, mejores empleos, capacidad exportadora y bienestar compartido.
Convertir el crecimiento en desarrollo productivo
Manuel Estrella planteó que la inversión y la generación de empleos, aunque fundamentales, deben estar acompañadas por innovación, tecnología, investigación, marcas propias y actividades industriales más sofisticadas. También destacó la necesidad de fortalecer la formación técnica y superior, particularmente en ingeniería.
Esta visión representa una oportunidad para dar un salto cualitativo. La República Dominicana dispone de experiencia manufacturera, zonas francas consolidadas, infraestructura turística, conexiones comerciales y una posición geográfica privilegiada. Sobre esas fortalezas puede levantarse una economía con mayor contenido tecnológico y una participación más profunda de proveedores nacionales.
El país no tiene que abandonar los sectores que han sostenido su crecimiento. Debe modernizarlos, conectarlos y elevar su valor.
Las zonas francas pueden avanzar hacia procesos más sofisticados. El turismo puede vincularse con la agroindustria, las industrias culturales y los proveedores locales. La construcción puede convertirse en un motor de innovación tecnológica y producción nacional. Las mipymes pueden digitalizarse, formalizarse e incorporarse a las cadenas de suministro de las grandes empresas.
La transformación productiva dominicana no parte de cero. Parte de una economía dinámica que posee condiciones para evolucionar desde la producción basada en costes hacia una competitividad sustentada en conocimiento, calidad y diferenciación.
Este fue un valioso espacio de diálogo entre el Gobierno y el sector empresarial que nos permitió estrechar los vínculos comerciales entre República Dominicana y México, para promover nuevas oportunidades de inversión y fortalecer la competitividad de nuestros sectores productivos. ¡Vamos!
— Yayo (@SanzLovaton) October 24, 2026
El papel estratégico de Eduardo «Yayo» Sanz Lovatón
La participación de Eduardo «Yayo» Sanz Lovatón reviste una importancia especial. Designado ministro de Industria, Comercio y Mipymes mediante el Decreto núm. 3-26 y juramentado el 8 de enero de 2026, tiene bajo su responsabilidad el impulso del desarrollo productivo, la industria nacional, el comercio y el fortalecimiento de las micro, pequeñas y medianas empresas.

Su presencia en el encuentro de CADOMEX debe interpretarse desde esa dimensión institucional. El Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes puede actuar como articulador entre la inversión extranjera, los sectores productivos, las mipymes, las universidades y los centros de formación técnica.
La oportunidad consiste en convertir cada nueva inversión en una cadena de beneficios para la economía nacional. Esto supone desarrollar proveedores dominicanos, formar trabajadores especializados, promover la innovación, facilitar el acceso al crédito y ayudar a las mipymes a cumplir estándares internacionales.
La vicepresidenta Raquel Peña señaló, durante la juramentación del ministro, que su designación responde a la visión gubernamental de impulsar la competitividad, la innovación, la formalización empresarial, el clima de inversión y la productividad nacional.
Ese enfoque puede traducirse en una agenda positiva y concreta: atraer inversiones que desarrollen capacidades nacionales, simplificar procesos sin debilitar la seguridad jurídica, promover alianzas entre empresas y centros académicos, y convertir a las mipymes en protagonistas de la transformación económica.
México como socio para una nueva etapa
La relación con México ofrece una oportunidad excepcional. No se trata solamente de ampliar el intercambio de mercancías, sino de conectar las capacidades industriales mexicanas con las ventajas logísticas, manufactureras y comerciales de la República Dominicana.
La inversión mexicana acumulada en territorio dominicano supera los 3.000 millones de dólares y mantiene presencia en sectores como telecomunicaciones, alimentos, bebidas y turismo. Esta trayectoria constituye una base de confianza sobre la cual pueden construirse nuevas iniciativas empresariales.
Las estadísticas comerciales también evidencian el espacio disponible para crecer. Según Data México, en 2026 las exportaciones mexicanas hacia la República Dominicana alcanzaban 648 millones de dólares, mientras las importaciones procedentes del mercado dominicano sumaban 206 millones. El balance favorable a México era de aproximadamente 443 millones de dólares.
Estos datos deben asumirse como una invitación a la acción. La República Dominicana tiene la oportunidad de ampliar su oferta exportable, identificar productos con demanda en el mercado mexicano y acompañar a sus empresas para superar barreras de escala, calidad, financiación y comercialización.
La meta no debe ser importar menos, sino producir mejor y exportar más. Los insumos, componentes y conocimientos mexicanos pueden fortalecer la manufactura dominicana, mientras la plataforma logística nacional puede facilitar operaciones dirigidas hacia el Caribe y otros mercados.
De la oportunidad comercial a la integración productiva
Un estudio publicado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, CEPAL, en septiembre de 2026 identificó oportunidades para profundizar las relaciones económicas entre México, Centroamérica y la República Dominicana. La investigación delimitó una canasta de 189 subpartidas con posibilidades comerciales diferenciadas por país.
La CEPAL también advirtió que estas oportunidades requieren estrategias productivas, logísticas e institucionales para convertirse en capacidades efectivas de exportación e integración regional.
La respuesta dominicana puede organizarse alrededor de una agenda bilateral con objetivos medibles:
- Identificar sectores y productos con potencial exportador hacia México.
- Atraer inversiones mexicanas orientadas a manufactura, tecnología, agroindustria y servicios.
- Crear programas de desarrollo de proveedores para mipymes dominicanas.
- Impulsar certificaciones, digitalización y financiación empresarial.
- Promover alianzas entre industrias, universidades y centros técnicos.
- Desarrollar proyectos conjuntos para exportar hacia terceros mercados.
Estas líneas de acción permitirían pasar de una relación basada principalmente en importaciones e inversiones tradicionales a una integración productiva con beneficios más amplios para ambos países.
Tecnología y talento para competir
La agenda promovida por Eduardo «Yayo» Sanz Lovatón encuentra una expresión concreta en su participación en SEMICON West 2026, donde presentó las posibilidades de la República Dominicana para desarrollar operaciones de ensamblaje, pruebas y encapsulado de semiconductores.
En ese escenario destacó que el desarrollo de esta industria necesita infraestructura confiable, talento especializado, regulaciones eficientes, proveedores cualificados y colaboración entre el Gobierno, las empresas y las instituciones académicas.
La importancia de esta iniciativa trasciende el sector de los semiconductores. Expresa una visión de país orientada a participar en actividades tecnológicas de mayor complejidad.
La formación de ingenieros, técnicos, programadores y especialistas debe convertirse en una política nacional conectada con las oportunidades reales de inversión. Cada alianza internacional debería incorporar componentes de capacitación, investigación aplicada, empleo cualificado y transferencia de conocimientos.
Perspectivas para la República Dominicana
Las perspectivas son prometedoras. La República Dominicana cuenta con estabilidad política, experiencia exportadora, zonas francas, conectividad, talento joven y una relación empresarial consolidada con México.
El país puede convertirse en una plataforma complementaria para empresas mexicanas interesadas en atender el Caribe y otros mercados. También puede ampliar sus exportaciones hacia México, incorporar mipymes a cadenas industriales y atraer inversiones orientadas a sectores tecnológicos.
La clave estará en alinear cinco elementos: inversión, talento, infraestructura, innovación y desarrollo empresarial.
La alianza dominico-mexicana debe proponerse resultados verificables: nuevas inversiones productivas, crecimiento de las exportaciones dominicanas, participación de proveedores locales, programas de formación técnica, transferencia tecnológica y empleos de mayor calidad.
El encuentro de CADOMEX deja, por tanto, una señal positiva. El diálogo entre el Gobierno y el sector empresarial puede convertirse en una poderosa herramienta para construir confianza, identificar oportunidades y coordinar políticas.
La República Dominicana ha demostrado que sabe crecer. Ahora dispone de la oportunidad histórica de transformar ese crecimiento en conocimiento, productividad y prosperidad compartida.
La relación con México puede ser uno de los grandes motores de esta nueva etapa. No como una alianza de dependencia, sino como una asociación inteligente entre dos economías complementarias, capaces de invertir, producir, innovar y competir juntas.

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