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La inteligencia artificial también se alimenta de electricidad: la gran oportunidad energética que la República Dominicana no debe desperdiciar

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La carrera mundial por la inteligencia artificial ya no depende solo de chips y algoritmos: se decide también en turbinas, transformadores, baterías y redes eléctricas. Para la República Dominicana, convertirse en centro digital regional exigirá energía competitiva, infraestructura resiliente y una reducción urgente de las pérdidas eléctricas.
  • La corrección bursátil de las empresas que abastecen a los centros de datos no significa que haya desaparecido la demanda. Revela algo más profundo: la competencia mundial por la inteligencia artificial será, ante todo, una batalla por energía firme, redes modernas, almacenamiento, agua, capital y seguridad geopolítica. Para la República Dominicana, la oportunidad existe, pero no podrá aprovecharse con un sistema eléctrico costoso, vulnerable y cargado de pérdidas.

Por Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

La caída de las acciones vinculadas a la infraestructura de inteligencia artificial puede interpretarse superficialmente como el principio del fin de otra burbuja tecnológica. Sin embargo, la información disponible apunta a una lectura más compleja. Desde el máximo del S&P 500 del 6 de octubre de 2026, las empresas dedicadas a construir y equipar centros de datos habían retrocedido una mediana del 23 %, mientras las grandes tecnológicas que financian esas inversiones solo habían caído un 5 %. Una docena de constructoras, fabricantes y compañías energéticas perdió más de US$300.000 millones en capitalización bursátil durante ese periodo. [finance.yahoo.com]

No obstante, las carteras de pedidos de fabricantes y contratistas siguen mostrando una demanda considerable. Quanta Services, por ejemplo, cerró el segundo trimestre de 2026 con ingresos de US$9.560 millones, una cartera total de US$53.400 millones y obligaciones de desempeño pendientes por US$33.600 millones. Su propia documentación reconoce, al mismo tiempo, riesgos relacionados con financiación, materiales, permisos, cadenas de suministro, disponibilidad de mano de obra y retrasos en los proyectos. [sec.gov]

Esa aparente contradicción ofrece la clave del momento: la cuestión no consiste únicamente en determinar si la inteligencia artificial está sobrevalorada en bolsa. La pregunta decisiva es si el mundo dispone de suficientes turbinas, transformadores, interruptores, baterías, líneas de transmisión, sistemas de refrigeración y técnicos especializados para convertir las promesas digitales en capacidad física.

De la carrera por los chips a la carrera por los megavatios

La inteligencia artificial suele presentarse como una tecnología inmaterial, alojada en “la nube”. Pero la nube descansa sobre instalaciones intensivas en capital, electricidad y refrigeración. La Agencia Internacional de la Energía calcula que los centros de datos consumieron aproximadamente 415 teravatios hora de electricidad en 2024, equivalentes al 1,5 % del consumo eléctrico mundial. Además, esa demanda había crecido a un ritmo medio anual del 12 % durante los cinco años anteriores. [iea.org]

La misma institución proyecta que el consumo podría alcanzar unos 945 teravatios hora en 2030, más del doble del nivel de 2024. Estados Unidos y China concentrarían cerca del 80 % del crecimiento previsto, señal inequívoca de que la infraestructura digital ya forma parte de la competencia estratégica entre las dos grandes potencias. [iea.org], [datacenter…namics.com]

Las implicaciones geopolíticas son profundas. Quien controle la capacidad de cómputo avanzada poseerá ventajas en productividad, defensa, inteligencia, finanzas, investigación científica, comunicaciones y diseño industrial. Pero quien asegure la electricidad que mantiene encendidos esos procesadores tendrá una influencia igualmente decisiva. La soberanía digital ya no puede separarse de la soberanía energética.

Por eso, las carteras de pedidos de GE Vernova, Quanta Services, Eaton, Powell Industries y Fluence Energy son algo más que indicadores financieros. Constituyen un mapa adelantado de la demanda mundial de infraestructura crítica. El problema es que una cartera abultada no garantiza ingresos inmediatos ni rentabilidad. Hace falta ejecutar, financiar, instalar y operar los equipos dentro de los plazos comprometidos.

La diferencia entre vencedores y perdedores estará precisamente en esa capacidad de ejecución. Una fábrica incapaz de alcanzar su ritmo de producción, una adquisición financiada con deuda costosa o un proyecto que no consigue conexión a la red pueden destruir valor incluso dentro de un mercado con demanda extraordinaria. En consecuencia, el reciente castigo bursátil no invalida la tesis energética de la inteligencia artificial. Más bien separa a las empresas con activos escasos y ejecución disciplinada de aquellas cuyos pedidos crecen más deprisa que su capacidad productiva.

La oportunidad dominicana

La República Dominicana posee condiciones que podrían convertirla en una plataforma digital regional: posición geográfica entre Norteamérica, el Caribe y América Latina; estabilidad macroeconómica relativa; conectividad internacional; proximidad al mercado estadounidense; zonas francas; servicios financieros; telecomunicaciones; y un tejido empresarial acostumbrado a operar internacionalmente.

De hecho, la Empresa de Transmisión Eléctrica Dominicana ya ha reconocido que los centros de datos han dejado de ser instalaciones auxiliares para convertirse en componentes críticos de la continuidad operativa, la ciberseguridad y la gestión en tiempo real del sistema eléctrico. La institución sostiene que la automatización, la analítica avanzada y el almacenamiento exigen plataformas digitales resilientes y con elevados niveles de disponibilidad. [eted.gob.do], [presidencia.gob.do]

Pero sería un error confundir conectividad de telecomunicaciones con competitividad integral. Los grandes centros de datos no se instalan únicamente donde desembarcan cables submarinos. Se instalan donde existen energía confiable y competitiva, conexiones rápidas a la red, seguridad jurídica, terrenos adecuados, disponibilidad de agua, gestión ambiental, personal técnico y garantías de continuidad frente a huracanes, fallos eléctricos y ciberataques.

Ahí se encuentra el principal obstáculo dominicano. Según estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo recogidas en octubre de 2026, las pérdidas de distribución eléctrica rondaron el 39 % de la energía disponible durante 2025. El organismo advierte que estas pérdidas deterioran los flujos de caja y la calidad crediticia de las distribuidoras, limitan su capacidad de reinversión y reducen el atractivo de nuevas inversiones en generación, transmisión y distribución. [eldinero.com.do]

Pretender atraer centros de datos de inteligencia artificial mientras casi cuatro de cada diez unidades de energía colocadas en la distribución no se convierten en ingresos efectivos sería una contradicción estratégica. Los inversionistas hiperescaladores no evalúan solamente la capacidad instalada del país. Examinan la frecuencia y duración de las interrupciones, la calidad del voltaje, los tiempos de interconexión, la disponibilidad de redundancia, el coste total del suministro y la solvencia institucional del sistema.

La República Dominicana necesita, por tanto, evitar dos extremos. El primero sería marginarse de la revolución digital alegando las limitaciones de su sistema eléctrico. El segundo, todavía más peligroso, sería conceder energía subsidiada, terrenos o exenciones indiscriminadas a proyectos que aporten poco empleo, desplacen consumo productivo o trasladen sus costes al contribuyente.

Una política industrial, no una fiebre inmobiliaria

El país debería formular una estrategia nacional para centros de datos y cómputo avanzado vinculada a la planificación energética. No bastaría con promover parques tecnológicos. Habría que identificar nodos donde coincidan líneas de alta tensión, capacidad de generación, conectividad submarina, seguridad hídrica, terrenos protegidos frente a inundaciones y acceso logístico.

La licitación aprobada para incorporar hasta 600 megavatios de nueva generación renovable mediante contratos de largo plazo muestra que existen instrumentos para ampliar la oferta energética. Asimismo, el programa del Banco Interamericano de Desarrollo para expansión de redes y reducción de pérdidas en EDESUR, valorado en US$155 millones, persigue aumentar la continuidad, la calidad y la capacidad de la distribución para atender el crecimiento de la demanda. [sie.gob.do] [iadb.org]

Sin embargo, los centros de datos requieren electricidad continua, no solo capacidad renovable nominal. La política correcta debe combinar solar y eólica con almacenamiento, generación flexible, gestión de demanda y redes redundantes. El gas natural puede desempeñar un papel transitorio de respaldo, pero una dependencia excesiva del GNL importado expondría al país a precios internacionales, conflictos geopolíticos, disrupciones marítimas y volatilidad cambiaria.

La mejor arquitectura sería diversificada: energía renovable contratada a largo plazo, baterías para estabilización y respaldo inmediato, generación firme para contingencias, eficiencia térmica, reutilización del calor cuando resulte viable y estándares rigurosos de consumo de agua. Los proyectos deberían pagar las ampliaciones de red que hagan necesarias y demostrar que no encarecerán el suministro de hogares, industrias, hoteles ni pequeñas empresas.

También convendría condicionar los incentivos a la creación de valor nacional. Un centro de datos altamente automatizado puede consumir cientos de megavatios sin producir una cantidad equivalente de puestos de trabajo. Por eso, las ventajas fiscales tendrían que vincularse a compromisos verificables de formación técnica, servicios en la nube para empresas dominicanas, investigación universitaria, ciberseguridad, contratación local, mantenimiento especializado y desarrollo de proveedores.

La advertencia detrás de las cinco acciones

El análisis de las cinco compañías contiene una enseñanza que trasciende la bolsa. Las carteras de pedidos pueden anticipar crecimiento, pero no eliminan los riesgos de ejecución. Quanta Services prevé para 2026 beneficios ajustados por acción de entre US$16,45 y US$16,95, frente a un rango según normas contables de entre US$11,41 y US$11,92. Esa brecha recuerda que las adquisiciones, amortizaciones y compensaciones también tienen costes económicos, aunque desaparezcan de algunas métricas ajustadas. [sec.gov]

Los mercados están empezando a distinguir entre tres tipos de compañías. Primero, las que poseen capacidad industrial realmente escasa. Segundo, las que disponen de demanda, pero enfrentan problemas de producción o endeudamiento. Tercero, las valoradas bajo el supuesto de que cada anuncio se convertirá, sin retrasos, en flujo de caja.

La misma disciplina debe aplicarse a la política dominicana. No todo proyecto presentado como “inteligencia artificial” merece incentivos ni tratamiento prioritario. Un memorando de entendimiento no equivale a una inversión ejecutada. Una reserva de capacidad no equivale a una orden firme. Una planta anunciada no equivale a infraestructura operativa. Y una gran demanda eléctrica no garantiza desarrollo si sus beneficios económicos salen del país mientras sus costes permanecen en el sistema nacional.

En conclusión, se trata de convertir la electricidad en poder estratégigo. La República Dominicana se encuentra ante una oportunidad excepcional para ascender desde su condición de economía de servicios, turismo y manufactura de zonas francas hacia una plataforma caribeña de infraestructura digital. Pero esa transición no se decretará mediante discursos sobre innovación. Se construirá con subestaciones, almacenamiento, telecomunicaciones, técnicos, ciberseguridad, regulación y contratos financieramente responsables.

La inteligencia artificial está redefiniendo la geopolítica del siglo XXI, pero lo está haciendo a través de activos profundamente físicos. El nuevo poder mundial no estará solamente en los algoritmos, sino en los países capaces de producir, transportar y administrar la energía que esos algoritmos necesitan.

La República Dominicana debe actuar con audacia, pero también con selectividad. Primero debe sanear las distribuidoras, reducir las pérdidas, fortalecer la transmisión y establecer reglas para que los grandes consumidores financien adecuadamente su impacto sobre el sistema. Después podrá ofrecer una propuesta competitiva basada en conectividad, estabilidad, energía diversificada y proximidad a Estados Unidos.

El mensaje de las cinco acciones energéticas es contundente: la demanda digital puede ser inmensa y, aun así, fracasar por una turbina retrasada, un transformador inexistente, una fábrica mal ejecutada o una red incapaz de absorber la carga. Para la República Dominicana, la verdadera carrera no consiste en anunciar el primer gran centro de datos. Consiste en construir el sistema energético e institucional que permita operar muchos de ellos sin comprometer la seguridad eléctrica ni transferir sus costes a la sociedad.

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