
La visita estadounidense ocurre cuando China ya no es una presencia distante, sino una potencia comercial instalada en la infraestructura, la minería y las rutas marítimas peruanas. Lima no tiene por qué escoger obediencia entre dos capitales: debe negociar con ambas desde sus propios intereses, fortalecer la regulación y convertir la competencia geopolítica en desarrollo nacional.
La próxima visita a Perú del secretario de Estado de Estados Unidos se produce en un momento de redefinición estratégica para América Latina. La agenda oficial de la gira, programada del 8 al 10 de septiembre de 2026 e integrada también por Colombia y Ecuador, contempla la cooperación contra el narcotráfico, la seguridad hemisférica y la profundización de las relaciones comerciales. Sin embargo, detrás de ese lenguaje diplomático aparece una preocupación estadounidense cada vez más visible: el avance de China sobre sectores económicos e infraestructuras considerados fundamentales para el futuro del hemisferio. [state.gov], [pe.usembassy.gov]
Perú se encuentra en el centro de esa competencia porque su relación con Pekín dejó de limitarse a la exportación de minerales. China se ha convertido en su principal socio comercial, en un inversionista relevante y en un actor decisivo dentro de su infraestructura logística. Los datos correspondientes a 2024 muestran exportaciones peruanas hacia China por unos US$24,200 millones e importaciones por US$15,900 millones. El cobre concentró aproximadamente US$15,500 millones de las ventas peruanas, confirmando que el vínculo continúa sustentado en la complementariedad entre la capacidad industrial china y la riqueza minera del territorio andino. [oec.world], [oec.world]
La relación económica se profundizó todavía más durante 2025. Un reporte elaborado con datos de la Superintendencia Nacional de Aduanas y de Administración Tributaria y otras fuentes públicas estimó que el comercio bilateral alcanzó aproximadamente US$50,800 millones, con exportaciones peruanas cercanas a US$33,000 millones. China habría representado alrededor del 34 % del comercio exterior peruano, consolidándose simultáneamente como principal mercado y mayor proveedor de mercancías. Esa magnitud explica por qué Lima no ofrece señales de abandonar una relación que ya constituye uno de los pilares de su economía exterior. [studylib.net], [riotimesonline.com]
El puerto de Chancay es la expresión más poderosa de esa transformación. La terminal de aguas profundas, situada al norte de Lima y operada por una empresa vinculada al Estado chino, no es simplemente una obra portuaria. Su capacidad para recibir grandes buques y establecer conexiones directas con Asia puede modificar los corredores comerciales del Pacífico suramericano. En su primer periodo de funcionamiento superó los 500,000 contenedores movilizados y canalizó operaciones de importación y exportación valoradas en aproximadamente US$3,600 millones, según cifras divulgadas alrededor del primer aniversario de sus operaciones comerciales. [especial.l…publica.pe], [riotimesonline.com]
Chancay reduce distancias, tiempos de navegación y costos logísticos. También proyecta a Perú como una posible plataforma de conexión entre Asia y el resto de Sudamérica. Pero precisamente por esa condición genera interrogantes que trascienden el comercio: quién controla los datos de las operaciones, quién supervisa el funcionamiento de la terminal, qué autoridad conserva el Estado peruano y hasta dónde una infraestructura administrada por una compañía extranjera puede adquirir importancia estratégica. Una disputa judicial sobre las facultades del regulador peruano Ositrán alimentó advertencias estadounidenses sobre soberanía, mientras el caso continuaba dentro de las instituciones de Perú. [chinastrategy.org], [riotimesonline.com]
Washington posee razones legítimas para observar el fenómeno. Los puertos modernos son nodos de transporte, energía, información y seguridad. Las plataformas logísticas automatizadas producen datos sobre proveedores, rutas, cargamentos y cadenas de suministro. Sin embargo, la preocupación estadounidense pierde fuerza cuando se expresa únicamente mediante advertencias y no mediante una oferta económica capaz de competir en financiamiento, infraestructura, tecnología y ejecución. Los países latinoamericanos no estrechan relaciones con China solamente por simpatía diplomática, sino porque encuentran capital, mercados y obras para necesidades que durante décadas permanecieron insuficientemente atendidas. [oceancrew.org]
Estados Unidos conserva, no obstante, una relación económica sustancial con Perú. El comercio bilateral de bienes y servicios alcanzó aproximadamente US$29,200 millones en 2025, un crecimiento de 11.2 % respecto al año anterior. Las exportaciones estadounidenses de bienes sumaron US$12,100 millones y sus importaciones desde Perú alcanzaron US$10,700 millones. Además, el acuerdo de promoción comercial vigente desde febrero de 2009 ofrece un marco jurídico para el intercambio, la inversión, la propiedad intelectual, los servicios, el medioambiente y los derechos laborales. Washington no está ausente del mercado peruano, pero debe reconocer que la existencia de un tratado no sustituye una estrategia renovada de inversión productiva. [ustr.gov], [ustr.gov]
Mientras Estados Unidos sustenta buena parte de su relación en un acuerdo negociado hace casi dos décadas, China ha actualizado sus instrumentos. En noviembre de 2024, Perú y la nación asiática suscribieron un protocolo para modernizar su tratado de libre comercio. El documento incorporó capítulos sobre comercio electrónico, cadenas globales de suministro, competencia, medioambiente y cooperación regulatoria, además de actualizar las disposiciones de inversión, servicios, propiedad intelectual, procedimientos aduaneros y reglas de origen. Pekín acompaña su demanda de materias primas con diplomacia comercial, modernización normativa y participación en infraestructuras tangibles. [gob.pe], [english.mo…com.gov.cn]
Esa diferencia constituye una lección para toda América Latina. China suele llegar con puertos, carreteras, redes de telecomunicaciones, créditos, mercados y contratos de largo plazo. Estados Unidos ofrece acceso comercial, cooperación en seguridad, inversión privada y vínculos institucionales, pero su presencia económica no siempre se traduce en proyectos visibles con la velocidad requerida por los gobiernos de la región. La competencia no se decidirá mediante discursos sobre lealtad hemisférica, sino por la capacidad de responder a las necesidades concretas de infraestructura, empleo, tecnología y financiamiento. [state.gov], [gob.pe]
Esto no significa que Perú deba aceptar sin examen todas las condiciones ofrecidas por Pekín. Una relación comercial exitosa puede transformarse en dependencia si concentra excesivamente las exportaciones en minerales, reduce la diversificación de mercados o coloca activos estratégicos fuera de una supervisión pública efectiva. La soberanía no se pierde por recibir inversión extranjera, pero sí puede deteriorarse cuando los contratos son opacos, las autoridades regulatorias resultan débiles, las comunidades desconocen los impactos ambientales o el Estado no posee capacidad técnica para fiscalizar a empresas económicamente más poderosas que sus propias instituciones. [oec.world], [infobae.com]
El elevado peso del cobre también revela una vulnerabilidad estructural. Perú mantiene un saldo favorable con China porque exporta grandes volúmenes de minerales, pero esa ventaja depende de los precios internacionales y de la demanda industrial asiática. Una desaceleración china, una caída de las cotizaciones o una innovación tecnológica que modifique el consumo de determinados metales podría alterar rápidamente la balanza. El volumen comercial no debe confundirse con desarrollo integral. Exportar más materia prima puede mejorar las cuentas externas sin producir necesariamente industrialización, transferencia tecnológica o empleos suficientemente calificados. [oec.world], [cien.adexperu.org.pe]
La respuesta peruana debe descansar en la diversificación. Chancay podría convertirse en una puerta para exportar alimentos procesados, manufacturas especializadas, servicios logísticos y bienes con mayor valor agregado, no únicamente en un corredor para enviar minerales e importar vehículos, teléfonos y maquinaria. Para lograrlo, Perú necesitará conexiones ferroviarias y viales, parques industriales, capacitación laboral, seguridad jurídica, producción energética confiable y una política orientada a integrar pequeñas y medianas empresas dentro de las nuevas cadenas de suministro. De lo contrario, el megapuerto podría multiplicar el comercio sin transformar suficientemente la estructura productiva nacional. [especial.l…publica.pe]
La visita estadounidense debería utilizarse para construir alternativas, no para exigir alineamientos. En vez de plantear la relación de Perú con China como un problema que debe corregirse, Washington podría presentar propuestas competitivas en infraestructura, digitalización aduanera, procesamiento de minerales, agricultura tecnológica, energías renovables, ciberseguridad y formación de capital humano. El comercio de bienes entre Estados Unidos y Perú ya alcanzó US$22,800 millones en 2025, mientras en el primer semestre de 2026 las exportaciones estadounidenses hacia el mercado peruano superaron los US$6,980 millones. Existe una plataforma económica real sobre la cual desarrollar una cooperación más ambiciosa. [ustr.gov], [census.gov]
Perú, por su parte, debe evitar que la rivalidad entre las dos potencias se transforme en una disputa interna que divida al país entre supuestos partidarios de Washington y Pekín. Las relaciones internacionales maduras no se construyen desde adhesiones sentimentales, sino mediante evaluaciones de costo, beneficio, riesgo y soberanía. Un contrato chino debe someterse a los mismos estándares de transparencia, competencia y protección ambiental que uno estadounidense. Del mismo modo, una advertencia procedente de Washington debe ser examinada desde los intereses peruanos, no aceptada automáticamente por la historia compartida o la proximidad geográfica. [infobae.com], [sice.oas.org]
Esta competencia puede resultar beneficiosa si Perú dispone de instituciones capaces de negociar. Un país con reguladores fuertes, justicia independiente, normas claras y personal técnico especializado puede recibir inversiones de múltiples orígenes sin entregar su autonomía. Un Estado débil, en cambio, puede quedar atrapado entre contratos difíciles de revisar y presiones diplomáticas difíciles de resistir. La cuestión determinante no es la nacionalidad del capital, sino la fortaleza del Estado que lo recibe y la calidad de las condiciones bajo las cuales opera. [riotimesonline.com], [gob.pe]
América Latina ya no es un espacio inmóvil dentro de la esfera de influencia de una sola potencia. Sus minerales, puertos, mercados, alimentos y rutas marítimas la han colocado en el centro de la reorganización económica mundial. China entiende esa transformación y actúa con los instrumentos de una potencia comercial. Estados Unidos comienza a responder con mayor intensidad, aunque todavía debe demostrar que su interés diplomático puede traducirse en una propuesta económica moderna, permanente y competitiva. [state.gov], [english.www.gov.cn]
Perú no necesita escoger entre Estados Unidos y China. Necesita escogerse a sí mismo. La verdadera soberanía consiste en comerciar con ambos, depender excesivamente de ninguno y exigir a todos transparencia, transferencia de conocimientos, respeto ambiental y beneficios verificables para la población. El reto no es detener el avance de una potencia para restaurar el predominio de otra. Es aprovechar la competencia entre ambas para construir capacidad nacional, diversificación productiva y autonomía estratégica.
La visita estadounidense pasará y las declaraciones diplomáticas ocuparán durante algunos días los titulares. El puerto de Chancay, las minas de cobre, los tratados comerciales y las decisiones de inversión permanecerán durante décadas. Ahí reside la responsabilidad histórica del Perú: convertir su extraordinaria posición geoeconómica en desarrollo soberano, sin sustituir una dependencia por otra y sin permitir que las rivalidades externas decidan el destino de la nación.
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