
Desde Madrid, la República Dominicana se ofreció como sede del centro de la Alianza Iberoamericana de Inteligencia Artificial y reforzó su relación con el Banco Europeo de Inversiones, socio del país desde 1992. Las dos iniciativas responden a una misma estrategia: unir datos, capital y confianza para que un Estado insular gane en influencia lo que no tiene en tamaño.
Por Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor
La historia de las relaciones internacionales suele contarse desde las grandes potencias, pero muchos cambios de época se entienden mejor desde los márgenes. En la XXX Cumbre Iberoamericana de Madrid, el presidente Luis Abinader ofreció a la República Dominicana como sede del centro que impulsará la Alianza Iberoamericana de Inteligencia Artificial y puso a su disposición los recursos institucionales y técnicos del país. Pocas horas después se reunió con Nadia Calviño, presidenta del Banco Europeo de Inversiones (BEI), institución que mantiene en Santo Domingo su oficina regional para el Caribe. Los dos encuentros responden a la misma pregunta que hoy ocupa a Washington, Bruselas y Pekín: quién gobernará la inteligencia que gobernará el mundo y quién financiará la infraestructura que la sostenga. La respuesta dominicana fue que no basta con fabricarla. Hay que darle reglas, lengua, propósito y capital paciente. [https://ef…a-sede-ia/], [https://el…ana-de-ia/] [presidencia.gob.do]
El momento ayuda a entender la propuesta. La Alianza, acordada en la primera reunión ministerial iberoamericana de transformación digital, se apoya en tres ejes: un espacio federado de datos en el que cada país decide qué comparte, modelos entrenados en español, portugués y lenguas indígenas, y cooperación en capacidad de cómputo. Para quienes estudian geopolítica tecnológica, la lectura es directa. Iberoamérica, una comunidad de 22 países y más de 700 millones de personas, ha decidido no conformarse con consumir modelos diseñados en otras lenguas, con otros sesgos y bajo otras jurisdicciones. La soberanía del siglo XXI incluye también la soberanía semántica. [https://se…rtificial/]
Sundar Pichai, director ejecutivo de Google, ha dicho que la IA es probablemente lo más importante en lo que ha trabajado la humanidad y que la considera más profunda que la electricidad o el fuego. Stephen Hawking advirtió en 2016, en la inauguración del Leverhulme Centre de Cambridge, que crear una inteligencia artificial poderosa podría ser lo mejor o lo peor que le haya ocurrido a la humanidad. Entre ese entusiasmo y esa advertencia se mueve hoy el debate académico mundial, y en ese terreno se ubica la tesis que Abinader llevó a Madrid: «La inteligencia artificial debe ser una herramienta para cerrar brechas, no para ensanchar desigualdades». [https://ef…a-sede-ia/]
Los grandes centros de pensamiento han llegado, por caminos distintos, a una conclusión parecida. La OCDE, con sus Principios sobre IA de 2019, y la UNESCO, con su Recomendación sobre la Ética de la Inteligencia Artificial de 2021, establecieron que la gobernanza tecnológica debe centrarse en las personas, los derechos y la rendición de cuentas. Brookings Institution ha insistido en que la brecha de IA puede convertirse en la nueva frontera de la desigualdad. Carnegie Endowment for International Peace ha estudiado cómo las potencias medias y pequeñas influyen en la gobernanza digital mediante coaliciones y normas. El Atlantic Council y el CSIS ven a la región como un escenario de competencia entre modelos tecnológicos, con la infraestructura de datos y telecomunicaciones como eje de seguridad hemisférica. Desde Madrid, el Real Instituto Elcano sostiene que el espacio iberoamericano puede aportar una voz propia entre la regulación europea y la dinámica de los mercados estadounidense y chino. La CEPAL advierte que América Latina corre el riesgo de quedarse rezagada si no invierte en talento, datos y cómputo. En todos estos análisis se repite una idea: las reglas importan tanto como los algoritmos, y la infraestructura importa tanto como las reglas.
Ahí entra Europa con recursos concretos. El BEI opera en la República Dominicana desde 1992, ha financiado acción climática, energía, infraestructura de transporte y microfinanzas, y otorgó aquí su primer préstamo de microfinanciación, con especial atención a emprendedoras y comunidades poco representadas. Su cartera ha incluido viviendas y carreteras resilientes al clima, puentes, infraestructura hidráulica y mejoras en la distribución eléctrica de barrios vulnerables. En octubre, el BEI, la Unión Europea y Banco Adopem anunciaron un paquete de 6,3 millones de dólares para que mipymes dominicanas conviertan el sargazo en actividad económica. La meta regional es recoger 660.000 toneladas para 2027, de las cuales 150.000 corresponderían al país. Ese es el tipo de financiamiento que transforma un problema ambiental en empleo, y es también el lenguaje que entiende un centro de IA aplicada. [eib.org] [eib.org] [diariolibre.com]
La conexión es más profunda. La estrategia Global Gateway de la Unión Europea prioriza en el país el desarrollo digital, el transporte urbano sostenible, el agua y saneamiento, las finanzas sostenibles y la lucha contra el sargazo. Dentro de ese marco, la Agencia Francesa de Desarrollo ha comprometido 380 millones de euros para ampliar la capacidad de las líneas 1 y 2 del metro de Santo Domingo, que pasarán de trenes de tres a seis vagones. La Unión Europea, segundo mayor inversor en la República Dominicana, encuentra en el país una puerta de entrada estable al Caribe. Si Santo Domingo alberga el centro iberoamericano de IA, la agenda digital europea tendrá en la isla un socio con capacidad de ejecución, además de un mercado. [eeas.europa.eu] [eeas.europa.eu] [revistamercado.do]
En ese consenso, la República Dominicana tiene una ventaja que suele pasar inadvertida: la coherencia. En 2023, Santo Domingo adoptó la Carta Iberoamericana de Principios y Derechos en los Entornos Digitales. El país que ayudó a escribir las reglas ofrece ahora un lugar para aplicarlas. Así funciona la diplomacia normativa, el instrumento con el que Estonia se convirtió en referente de ciberseguridad, Singapur en laboratorio de gobierno digital y Costa Rica en autoridad moral ambiental. Ninguno de esos países se impuso por su tamaño. Ganaron influencia porque lograron que se confiara en ellos. [https://ef…a-sede-ia/]
Parag Khanna sostuvo en Connectography que la conectividad, y no la geografía, define el destino de las naciones. Pocas ideas describen mejor la oportunidad dominicana. El país tiene puertos multimodales, rutas aéreas con Europa y Norteamérica, zonas francas integradas en cadenas médicas y eléctricas, y una aduana que avanza en la gestión digital del riesgo. Si a esa infraestructura física se suman un centro regional de IA y financiamiento europeo de largo plazo, la isla deja de ser solo un punto en el mapa y pasa a funcionar como nodo de una red. Eso permitiría trazar mercancías de forma predictiva, monitorear cadenas de frío en tiempo real, anticipar huracanes y sequías con modelos de alerta temprana, y agilizar el comercio legítimo mientras se reduce el espacio para el contrabando.
La geopolítica refuerza el argumento. La semana de Madrid coincidió con un cambio de mayoría en el Congreso estadounidense, la negociación entre Rusia y Ucrania en Abu Dabi con mediación de Washington y un petróleo encarecido por la crisis de Ormuz. En un mundo de guerras, aranceles y elecciones cuestionadas, la previsibilidad institucional se ha vuelto un activo escaso. La reforma constitucional de 2024, que blindó la alternancia, envía una señal que fondos de inversión, cancillerías y bancos multilaterales leen con atención. La agenda presidencial lo confirmó: además del BEI, Abinader se reunió con la CAF, cuya nueva sede en Madrid busca movilizar más recursos europeos hacia la región, y visitó Airbus en Getafe. Financiamiento, conectividad aérea, infraestructura y tecnología forman parte de una misma estrategia. [https://ch…argentina/], [https://el…-dabi.html] [https://el…atina.html], [infobae.com]
Pero el pensamiento estratégico serio no se conforma con el entusiasmo. Una candidatura así se gana con un expediente sólido. La SEGIB necesitará ver una sede física, un presupuesto plurianual, un consorcio de universidades nacionales e iberoamericanas, acuerdos con los centros de datos instalados en el país y una ley de protección de datos a la altura de la Carta de 2023. El Gobierno haría bien en presentar al BEI y a Global Gateway una cartera conjunta de infraestructura digital, cómputo verde y aduanas inteligentes, con estudios de factibilidad listos. El capital multilateral sigue a los países que llegan preparados, y la autoridad internacional se demuestra con resultados.
Ese es el desafío intelectual que esta propuesta plantea a la comunidad académica global: comprobar si un Estado insular del Caribe puede convertirse en laboratorio de una gobernanza de la IA centrada en las personas, multilingüe, financiada con capital sostenible y orientada a reducir brechas. Si lo consigue, los manuales de relaciones internacionales tendrán un nuevo caso de estudio junto a Tallin y Singapur. Si fracasa, el país perderá una de las pocas ventanas que el siglo abre a los Estados pequeños.
Abinader cerró su intervención con una frase que debería recordarse fuera del protocolo: «Ninguna transformación verdadera nace de la resignación. Nace de la responsabilidad, del esfuerzo y de la determinación de convertir nuestras aspiraciones en realidades». Madrid escuchó a Santo Domingo y Europa volvió a mirar al Caribe. Ahora le toca al país demostrar que puede ser la bisagra que conecte Europa con las Américas, la norma con la técnica, el capital con el talento y la tecnología con la equidad. En la era de la inteligencia artificial, servir de puente puede pesar tanto como el tamaño de un país. [https://pr…exteriores]
Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor
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La bisagra inteligente: por qué el mundo del pensamiento estratégico debería mirar a Santo Domingo
La oferta de la República Dominicana para ser sede del centro de la Alianza Iberoamericana de Inteligencia Artificial va más allá de una iniciativa diplomática. Los principales centros de pensamiento del mundo coinciden en que, en la era algorítmica, el poder no dependerá solo del tamaño de un país, sino de su capacidad para conectar, generar confianza y gobernar los datos. Ese es el terreno donde un Estado pequeño puede tener un peso mayor que su tamaño.
Por Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor
La historia de las relaciones internacionales suele contarse desde las grandes potencias, pero muchos cambios de época se entienden mejor desde los márgenes. Cuando el presidente Luis Abinader ofreció en la XXX Cumbre Iberoamericana de Madrid a la República Dominicana como sede del centro que impulsará la Alianza Iberoamericana de Inteligencia Artificial, puso a disposición los recursos institucionales y técnicos del país. Con ese gesto también formuló una pregunta que hoy ocupa a Washington, Bruselas y Pekín: quién gobernará la inteligencia que gobernará el mundo. La respuesta dominicana fue que no basta con fabricarla. Hay que darle reglas, lengua y propósito. [https://ef…a-sede-ia/], [https://el…ana-de-ia/]
El momento ayuda a entender la propuesta. La Alianza, acordada en la primera reunión ministerial iberoamericana de transformación digital, se apoya en tres ejes: un espacio federado de datos en el que cada país decide qué comparte, modelos entrenados en español, portugués y lenguas indígenas, y cooperación en capacidad de cómputo. Para quienes estudian geopolítica tecnológica, la lectura es directa. Iberoamérica, una comunidad de 22 países y más de 700 millones de personas, ha decidido no conformarse con consumir modelos diseñados en otras lenguas, con otros sesgos y bajo otras jurisdicciones. La soberanía del siglo XXI incluye también la soberanía semántica. [https://se…rtificial/]
Sundar Pichai, director ejecutivo de Google, ha dicho que la IA es probablemente lo más importante en lo que ha trabajado la humanidad y que la considera más profunda que la electricidad o el fuego. Stephen Hawking advirtió en 2016, en la inauguración del Leverhulme Centre de Cambridge, que crear una inteligencia artificial poderosa podría ser lo mejor o lo peor que le haya ocurrido a la humanidad. Entre ese entusiasmo y esa advertencia se mueve hoy el debate académico mundial. En ese mismo terreno se ubica la tesis que Abinader llevó a Madrid: «La inteligencia artificial debe ser una herramienta para cerrar brechas, no para ensanchar desigualdades». [https://ef…a-sede-ia/]
Los grandes centros de pensamiento han llegado, por caminos distintos, a una conclusión parecida. La OCDE, con sus Principios sobre IA de 2019, y la UNESCO, con su Recomendación sobre la Ética de la Inteligencia Artificial de 2021, establecieron que la gobernanza tecnológica debe centrarse en las personas, los derechos y la rendición de cuentas. Brookings Institution ha insistido en que la brecha de IA puede convertirse en la nueva frontera de la desigualdad entre naciones y dentro de ellas. Carnegie Endowment for International Peace ha estudiado cómo las potencias medias y pequeñas pueden influir en la gobernanza digital mediante coaliciones y normas. El Atlantic Council y el CSIS ven a la región como un escenario de competencia entre modelos tecnológicos, con la infraestructura de datos y telecomunicaciones como eje de seguridad hemisférica. Desde Madrid, el Real Instituto Elcano ha defendido que el espacio iberoamericano puede aportar una voz propia entre la regulación europea y la dinámica de los mercados estadounidense y china. La CEPAL, por su parte, acompaña la medición regional de capacidades en IA y advierte que América Latina corre el riesgo de quedarse rezagada si no invierte en talento, datos y cómputo. Todas estas instituciones coinciden en que las reglas importan tanto como los algoritmos y en que quien convoca también tiene capacidad de influir.
En ese consenso, la República Dominicana tiene una ventaja que suele pasar inadvertida: la coherencia. En 2023, Santo Domingo adoptó la Carta Iberoamericana de Principios y Derechos en los Entornos Digitales. El país que ayudó a escribir las reglas ofrece ahora un lugar para aplicarlas. Así funciona la diplomacia normativa, el instrumento con el que Estonia se convirtió en referente de ciberseguridad, Singapur en laboratorio de gobierno digital y Costa Rica en autoridad moral ambiental. Ninguno de esos países se impuso por su tamaño. Ganaron influencia porque lograron que se confiara en ellos. [https://ef…a-sede-ia/]
Parag Khanna, uno de los pensadores más citados sobre globalización, sostuvo en Connectography que la conectividad, y no la geografía, define el destino de las naciones. Pocas ideas describen mejor la oportunidad dominicana. El país ya tiene puertos multimodales, rutas aéreas con Europa y Norteamérica, zonas francas integradas en cadenas médicas y eléctricas, y una aduana que ha avanzado en la gestión digital del riesgo. Si a esa infraestructura física se suma un centro regional de IA, la isla deja de ser solo un punto en el mapa y empieza a funcionar como nodo de una red. Eso implica trazabilidad predictiva de mercancías, cadenas de frío monitoreadas en tiempo real, modelos de alerta temprana ante huracanes y sequías, y comercio legítimo más ágil, con menos espacio para el contrabando.
La geopolítica refuerza el argumento. La semana de Madrid coincidió con un cambio de mayoría en el Congreso estadounidense, la negociación entre Rusia y Ucrania en Abu Dabi con mediación de Washington y un petróleo encarecido por la crisis en Ormuz. En un mundo marcado por guerras, aranceles y procesos electorales cuestionados, la previsibilidad institucional se ha convertido en un activo escaso. La reforma constitucional dominicana de 2024, que blindó la alternancia, envía una señal que fondos de inversión, cancillerías y bancos multilaterales leen con atención. La agenda presidencial en Madrid lo confirmó con encuentros con la CAF, cuya nueva sede busca movilizar más recursos europeos hacia la región, y con el Banco Europeo de Inversiones, que mantiene en Santo Domingo su oficina regional para el Caribe. [https://ch…argentina/], [https://el…-dabi.html] [https://el…atina.html], [https://x….wsrc%5Etfw]
Pero el pensamiento estratégico serio no se conforma con el entusiasmo. Una candidatura de este tipo se gana con un expediente sólido. La SEGIB necesitará ver una sede física, un presupuesto plurianual, un consorcio de universidades nacionales e iberoamericanas, acuerdos con los centros de datos instalados en el país y una ley de protección de datos a la altura de la Carta de 2023. También necesitará casos de uso tempranos en salud, educación, gestión de riesgos climáticos y aduanas inteligentes. El país debe llegar con resultados que pueda mostrar, porque la autoridad internacional se demuestra con hechos.
Ese es, en el fondo, el desafío intelectual que plantea esta propuesta a la comunidad académica global: comprobar si un Estado insular del Caribe puede convertirse en laboratorio de una gobernanza de la IA centrada en las personas, multilingüe y orientada a reducir brechas. Si lo consigue, los manuales de relaciones internacionales tendrán un nuevo caso de estudio, junto a Tallin y Singapur. Si fracasa, perderá una de las pocas ventanas que el siglo abre a los países pequeños.
Abinader cerró su intervención con una frase que debería recordarse fuera del protocolo: «Ninguna transformación verdadera nace de la resignación. Nace de la responsabilidad, del esfuerzo y de la determinación de convertir nuestras aspiraciones en realidades». Madrid escuchó a Santo Domingo. Ahora le toca al país demostrar que puede ser la bisagra que conecte Europa con las Américas, la norma con la técnica y la tecnología con la equidad. En la era de la inteligencia artificial, ese papel de puente puede pesar tanto como el tamaño de un país.
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