El triple costo logístico que pagan las petroleras en Oriente Medio y las incursiones hutíes en Arabia Saudita muestran que el conflicto con Irán ya funciona como un impuesto global sobre la energía, el transporte y la inflación. Las economías importadoras como la República Dominicana tienen que leer esta señal antes de que llegue a sus precios.
Por Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor
Las guerras modernas no se miden solo por los misiles disparados o los territorios ganados. También se miden por lo que cuesta mover una tubería, un taladro o un contenedor de un puerto a otro. Hoy la evidencia viene del corazón energético del planeta. En la conferencia ADIPEC de Abu Dabi, ejecutivos de grandes contratistas dijeron que el conflicto con Irán, que ya cumple nueve meses, ha triplicado los costos logísticos de algunos contratos en Oriente Medio. El gasto en combustible se ha duplicado y el costo laboral ha subido entre un 30% y un 40%. No es una nota técnica para especialistas. Es la descripción de un nuevo impuesto global que nadie votó y que todos terminaremos pagando.
La frase de Alessandro Puliti, director ejecutivo de Saipem, resume la situación: llevan meses esperando fuera de Ormuz. En la economía del siglo XXI, esperar es una forma de perder. Cada día de un equipo anclado frente al estrecho significa capital inmovilizado, contratos retrasados, seguros más caros y proyectos más costosos. Alessandro Bernini, de Maire, fue todavía más directo: esos sobrecostos acabarán en precios de energía más altos y en más inflación. Sherif Foda, de NESR, lo dijo con crudeza: buena parte del costo de almacenar materiales por precaución lo absorben los propios contratistas. Cuando el sector que sostiene la producción mundial de hidrocarburos admite que trabaja con márgenes erosionados, el mercado está avisando de algo serio.
Los estados financieros confirman esa tensión. SLB reportó ingresos de 2,810 millones de dólares en Oriente Medio y Asia durante el tercer trimestre, con una mejora del 9% frente al trimestre anterior, pero todavía un 6% por debajo del año previo. Baker Hughes registró 1,260 millones en la misma región, un 13% menos que el año anterior. Se da una paradoja que los economistas conocen bien: el petróleo caro incentiva la perforación, pero la guerra encarece justamente los insumos que permiten perforar. La demanda de servicios sube mientras la capacidad de prestarlos se vuelve más cara y más frágil.
El frente saudí agrava el cuadro. Según Middle East Eye, fuentes occidentales y árabes confirman que los hutíes han lanzado incursiones terrestres contra puestos fronterizos saudíes, además de los ataques casi diarios con drones y misiles desde septiembre. La Confederación Asiática de Fútbol aplazó la Copa Asiática hasta finales de 2027 por las dificultades logísticas y las interrupciones en los viajes. Decenas de grandes eventos internacionales ya se han suspendido o pospuesto. Un país que apostó su transformación a la diversificación, el turismo y el poder blando ve cómo la inseguridad regional pone en duda esa promesa. La lección va más allá de Riad: la reputación de un país como destino depende también de la estabilidad de su entorno.
Desde el Caribe sería un error ver todo esto como un drama lejano. La República Dominicana importa la totalidad de los hidrocarburos que consume. Su crecimiento descansa en buena medida en el comercio exterior, el turismo y la logística. Cuando el costo de mover energía se triplica en el Golfo, ese aumento no se queda allí. Pasa por las primas de seguro marítimo, los fletes, los precios de referencia del crudo y los derivados, y llega a la tarifa eléctrica, al transporte público, a la canasta básica y a los costos de las zonas francas. La geografía separa a Santo Domingo de Ormuz. La economía las une en tiempo real.
Por eso la respuesta tiene que ser estratégica y no solo reactiva. El país ha avanzado en modernizar su sistema aduanero, en facilitar el comercio y en reducir los tiempos de despacho. Esos avances dejan de ser solo eficiencia administrativa y pasan a ser escudo macroeconómico. Cuando el mundo encarece la logística, la aduana que despacha más rápido, que reduce los tiempos de inspección con gestión de riesgo inteligente y que da previsibilidad al importador está bajando costos que el mercado global sube. Diversificar la matriz energética, ampliar la capacidad de almacenamiento estratégico de combustibles y consolidar al país como plataforma logística regional son decisiones de seguridad nacional.
La literatura académica sobre conflictos y comercio ha descrito desde hace tiempo cómo los choques geopolíticos se transmiten por los precios relativos, la incertidumbre y los cuellos de botella de la cadena de suministro. Lo nuevo del momento actual es la velocidad y la acumulación. Al encarecimiento por la guerra con Irán se suman la presión sobre el mar Rojo, la vulnerabilidad del territorio saudí y la tendencia de las empresas a acumular inventarios por precaución, lo que aumenta la demanda de almacenamiento y capital de trabajo. Se trata de una inflación de seguridad: las economías pagan más no por producir más, sino por protegerse más. Entender este fenómeno exige que universidades, bancos centrales y centros de pensamiento lo estudien con datos propios y con una perspectiva desde las economías pequeñas y abiertas, que suelen quedar fuera de los modelos diseñados en las grandes capitales.
La pregunta que se hacen los contratistas en Abu Dabi es cuánto de estos costos podrán trasladar a sus clientes. La pregunta para un país como el nuestro es otra: cuánto podemos evitar que nos trasladen. La respuesta depende de la anticipación, la coordinación institucional y la claridad de la política pública. Ormuz se ha convertido en un peaje invisible del comercio mundial. No podemos cerrarlo ni abrirlo, pero sí podemos decidir cuánto nos cuesta. Ese margen de maniobra, construido con eficiencia aduanera, diversificación energética y visión logística, puede marcar la diferencia entre sufrir la crisis y salir de ella más fuerte.

🔥⛽🌍 La guerra con Irán triplica los costos logísticos de las petroleras en Oriente Medio
La factura del conflicto ya está llegando a la industria energética. Según ejecutivos reunidos en ADIPEC 2026 (Abu Dabi), las empresas de servicios petroleros pagan hasta 3 veces más en logística, el doble en combustible y hasta un 40% más en mano de obra. El conflicto cumple nueve meses y mover equipos por el estrecho de Ormuz es cada vez más difícil.
🚢 Saipem lleva meses esperando para cruzar Ormuz con sus equipos.
🏗️ Maire advierte que estos sobrecostos terminarán en precios de energía más altos y en más inflación.
📦 NESR guarda materiales en depósitos por más tiempo para cubrirse ante interrupciones, y casi siempre tiene que absorber ese costo.
📊 SLB subió un 9% trimestral en Oriente Medio y Asia (US$2,810 millones), aunque sigue un 6% por debajo del año pasado.
📉 Baker Hughes reportó US$1,260 millones en la región, un 13% menos que hace un año.
🛢️ El petróleo más caro impulsa la perforación, pero operar cuesta mucho más.🇩🇴 ¿Por qué importa? Cada dólar extra en Ormuz termina en el precio del combustible, el flete y los productos que importamos. Para la República Dominicana es clave tener una aduana ágil, una logística eficiente y una política energética previsora para proteger la economía. 💪📈
👉 La guerra no solo se libra con misiles. También pesa en los costos, los márgenes y la inflación. https://t.co/tIl8rsHKF8 #Ormuz #Petróleo #OrienteMedio #ADIPEC2026 #Energía #Logística #Inflación #Geopolítica #SLB #BakerHughes #ComercioExterior #CadenaDeSuministro #RepúblicaDominicana #GuasábaraEditor
✍️ Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor— Orlando Díaz, Luis (@LuisOrlandoDia1) November 3, 2026
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