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Cuando el subsidio deja de ser escudo y empieza a ser riesgo

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La República Dominicana llegó al límite de lo que una economía abierta y pequeña puede absorber de un choque petrolero que nadie previó. Reajustar con prudencia no es abandonar a la gente: es evitar que el país pague mañana, con estabilidad, lo que hoy se niega a pagar en la bomba.

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

Hay decisiones de gobierno que se aplauden y decisiones de gobierno que se explican. El reajuste moderado de los precios de los combustibles pertenece, sin duda, a la segunda categoría, y por eso mismo merece un debate serio, con cifras sobre la mesa y sin la demagogia fácil que suele acompañar todo lo que se mide en galones. La verdad es incómoda pero verificable: el Estado dominicano ha sostenido durante más de seis meses, con recursos propios, el peso íntegro de una crisis energética internacional que no originó, no anticipó y no controla, y ese sostén ha alcanzado una magnitud que ninguna proyección presupuestaria razonable contemplaba. El conflicto en Irán, iniciado el pasado 28 de febrero, no figuraba en el marco macroeconómico de la Ley de Presupuesto de 2026 por una razón elemental: ningún Estado, ningún gobierno y ningún organismo multilateral lo previó. La Agencia Internacional de Energía ha calificado la disrupción actual del mercado petrolero como la más grande de la historia, y el ministro de Hacienda y Economía, Magín Díaz, lo resumió sin eufemismos: «Nadie previó esta crisis. Totalmente sorprendió al mundo y además no se sabe cuándo va a terminar».

Los números del choque externo son brutales en su simplicidad. El barril de WTI cerró diciembre por debajo de los sesenta dólares y hoy se cotiza en torno a los cien, con jornadas recientes en 102.21 dólares y el Brent en 105.83, tras un pico anual de 119.48 dólares en marzo. Eso significa un incremento cercano al setenta por ciento en lo que va de año, impulsado por el cierre intermitente del Estrecho de Ormuz, la suspensión de cargas en el puerto saudí de Yanbu, el cierre temporal del oleoducto Este-Oeste tras los ataques hutíes y la desaparición del diésel ruso del mercado atlántico. La incertidumbre entre Estados Unidos e Irán y la ausencia del crudo ruso han retirado cerca del veinte por ciento del combustible disponible en el mercado global, y el resultado más visible está en el destilado medio: en Estados Unidos el galón de diésel rompió su récord histórico esta semana al llegar a US$6.40, algo sin precedentes en la serie estadística de ese país. La brecha entre el crudo y el gasoil, que en condiciones normales oscilaba entre quince y treinta dólares por barril, se ha disparado hasta colocar el barril de gasoil por encima de los doscientos dólares. No estamos, por tanto, ante una fluctuación de mercado: estamos ante una fractura estructural en la cadena de refinación mundial.

Conviene recordar por qué esto golpea a la República Dominicana con particular dureza. De los 78 millones de barriles que el país consume al año, apenas nueve se refinan localmente. Es decir, casi el 88% de lo que quemamos llega como producto terminado, al precio que fija el mercado internacional de derivados, no al precio del crudo. Cuando la prima de refinación se dispara, como ocurre ahora, el país importa esa inflación completa, sin filtro, sin amortiguador natural y sin capacidad de negociación. Esa es la razón técnica por la cual la pregunta popular —«si el petróleo bajó, ¿por qué la gasolina no bajó?»— tiene una respuesta que no cabe en un titular: lo que importamos no es petróleo, es gasoil y gasolina terminados, y esos márgenes se comportan hoy con una lógica propia, dictada por la escasez de capacidad refinadora disponible para el mercado atlántico.

Frente a ese escenario, el Gobierno dominicano eligió el camino más costoso para el fisco y el más protector para la gente. El presupuesto de 2026 abrió con una programación de poco más de RD$13,500 millones para subsidios de combustibles. A mediados de septiembre, la ejecución supera ya los RD$32,000 millones, y todavía restan quince semanas de ejercicio fiscal. La cifra habla por sí sola: se ha ejecutado más del doble de lo presupuestado para el año completo, y los recursos adicionales previstos en el Plan Anticrisis amparado por la Ley 30-26, promulgada en junio, también se han consumido a un ritmo que ninguna proyección sostenía. El propio ministro de Hacienda advirtió desde marzo que, sin intervención correctiva, el subsidio podría escalar hasta los cincuenta mil millones de pesos, porque cada alza de treinta o cuarenta dólares en el barril genera de manera automática entre treinta y cuarenta mil millones de pesos adicionales de costo para el erario.

El detalle semanal es todavía más elocuente. El subsidio al gasoil regular pasó de RD$261 millones semanales en marzo a más de RD$618.4 millones en esta semana de septiembre; el del gasoil óptimo saltó de RD$146 millones a picos de RD$394 millones. En gasolina premium, el desembolso semanal escaló de RD$63.8 millones al inicio del conflicto —semana del 7 al 13 de marzo— hasta un máximo de RD$442.1 millones a mediados de mayo, mientras la gasolina regular pasó de RD$51.4 millones a más de RD$253.4 millones. Hoy el Estado absorbe alrededor de RD$108.93 por cada galón de gasoil regular y RD$117.28 por cada galón de gasoil óptimo, además de RD$55.21 en gasolina regular, RD$36.68 en premium y RD$26.90 en GLP, con un desembolso de RD$1,631.5 millones solo para la semana del 12 al 18 de septiembre. Y ese esfuerzo no nació con la crisis: incluso en 2024, con el barril promediando sesenta y cinco dólares, el subsidio superó los RD$11,000 millones. La política de contención de precios no es una improvisación coyuntural; es una constante fiscal que la guerra convirtió en carga insostenible.

Quien pregunte para qué ha servido todo ese dinero encontrará la respuesta en los indicadores. La gran mayoría de esos fondos se ha concentrado en el gasoil, precisamente porque es el combustible del transporte de carga, del transporte público y de la cadena de alimentos. Subsidiar el gasoil es, en los hechos, subsidiar el precio del pan, del arroz, del plátano y del pasaje. Sin esa intervención, el costo logístico se habría trasladado íntegro a la canasta básica y la inflación importada se habría convertido en inflación doméstica generalizada. En cambio, la inflación permanece controlada, el GLP se mantiene estabilizado en RD$135.20 el galón —aun cuando sostener esa estabilidad elevó el desembolso estatal de RD$57.8 millones a más de RD$215.4 millones semanales— y la economía dominicana acumula un crecimiento de 4.5% hasta julio de 2026. Es el país de la región que menor aumento ha aplicado a sus precios de combustibles desde el inicio del conflicto. Esa combinación de crecimiento con estabilidad, en medio del mayor choque energético de la historia moderna, no es casualidad ni suerte: es el resultado de una decisión de política pública que costó más de RD$32,000 millones y que funcionó.

Pero funcionar no es lo mismo que poder repetirse indefinidamente. Aquí está el nudo del asunto, y merece decirse con franqueza: un subsidio universal financiado con deuda o con reasignaciones tiene un límite, y ese límite no lo fija la voluntad política sino la aritmética. Cada peso adicional destinado a contener el precio del galón es un peso que no llega a un hospital, a un aula, a un acueducto o a la red eléctrica. Prolongar la ficción de que el Estado puede absorber el cien por ciento de una carga importada, sin horizonte de terminación y con el barril por encima de los cien dólares, no es proteger al pueblo: es hipotecar la capacidad futura del Estado de protegerlo. La experiencia regional es abundante en países que confundieron congelamiento con solución y terminaron pagando el ajuste de golpe, en desabastecimiento, en desequilibrio cambiario o en crisis de balanza de pagos. La República Dominicana no está en ese camino, y precisamente por eso debe corregir ahora, de forma gradual y ordenada, mientras conserva el margen de maniobra para hacerlo bien.

Un reajuste moderado y proporcional al incremento internacional es, en consecuencia, un acto de responsabilidad fiscal y macroeconómica, no un abandono del compromiso social. Transparentar parcialmente el costo real permite preservar tres cosas simultáneamente: la sostenibilidad de las finanzas públicas, la calificación crediticia y el costo de financiamiento del país, y la continuidad del subsidio focalizado allí donde más importa. Porque conviene subrayar lo que el Gobierno ha dejado intacto: el GLP sigue protegido, el gasoil del transporte de carga y pasajeros sigue siendo el más subsidiado de todos los productos, y el mecanismo del Plan Anticrisis mantiene la lógica de amortiguación para los hogares vulnerables. El ajuste no desmonta el escudo; lo redimensiona para que siga existiendo cuando más falta haga, porque nadie puede garantizar hoy cuándo terminará el conflicto ni cuándo se normalizarán los flujos por Ormuz.

Sensibilizar a la opinión pública sobre esta realidad no consiste en pedir resignación, sino en compartir información. El ciudadano dominicano ha demostrado, una y otra vez, que entiende las cosas cuando se le explican con respeto y con datos. Y los datos dicen que durante más de doscientos días el país pagó en la bomba mucho menos de lo que el combustible realmente costaba, que esa diferencia la asumió el Estado con más de RD$32,000 millones, y que gracias a ello la inflación no se desbordó y la economía siguió creciendo. Lo que viene ahora es un ajuste prudente, anunciado con antelación, proporcional y acompañado de protección focalizada. Es, en definitiva, la diferencia entre administrar una crisis y ser administrado por ella. La responsabilidad de un gobierno no se mide solo por lo que evita hoy, sino por lo que preserva para mañana; y preservar la estabilidad macroeconómica dominicana —esa que tanto ha costado construir y que hoy sostiene el empleo, la inversión y la paz social— vale bastante más que el aplauso de una semana.

Título: Cuando el subsidio deja de ser escudo y empieza a ser riesgo

Fuentes relacionadas: [hacienda.gob.do] [heraldodem…ico.com.mx], [preciopetroleo.net] [heraldodem…ico.com.mx] [micm.gob.do] [micm.gob.do] [presidencia.gob.do] [hacienda.gob.do] [micm.gob.do] [hacienda.gob.do] [micm.gob.do] [hacienda.gob.do] [combustibles.do] 

⛽📊 LA VERDAD EN CIFRAS: LO QUE USTED NO PAGÓ EN LA BOMBA, LO PAGÓ EL ESTADO

🔴 El barril de WTI pasó de US$60 a US$102. El diésel en EE. UU. rompió su récord histórico: US$6.40 el galón. El gasoil supera los US$200 por barril. Ningún país lo previó. 🌍⚡

🇩🇴 ¿Y qué hizo la República Dominicana? Absorber el golpe.

💰 Se presupuestaron RD$13,500 millones… y se han ejecutado más de RD$32,000 millones en subsidios. ¡Más del doble! Y aún faltan 15 semanas. 📉

✅ RD$108.93 subsidiados por galón de gasoil regular ✅ RD$117.28 por galón de gasoil óptimo ✅ GLP congelado en RD$135.20 🔥 ✅ Inflación controlada y economía creciendo 4.5% 📈

🚛 Subsidiar el gasoil fue subsidiar el pan, el arroz y el pasaje. Eso se llama proteger el bolsillo del pueblo. 🛒👨‍👩‍👧‍👦

⚖️ Hoy toca hablar claro: un reajuste moderado y proporcional no es abandono, es responsabilidad. Cada peso extra en subsidio universal es un peso menos en hospitales, aulas y acueductos. 🏥🏫💧

🛡️ El escudo no se desmonta: se redimensiona para que dure.

👉 Administrar la crisis o ser administrados por ella. La RD eligió administrarla. 🇩🇴💪

✍️ Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

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