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Trump frente al poder de las refinerías: cuando producir más petróleo ya no garantiza gasolina barata

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Trump, las refinerías y la política del dolor en el surtidor El presidente que convirtió la energía barata en promesa de campaña ahora acusa a la industria que cortejó, mientras la gasolina supera los cuatro dólares por galón y las midterms se acercan como una tormenta

La reunión de Donald Trump con ejecutivos petroleros revela una contradicción central de su política energética: Estados Unidos puede ampliar la oferta de crudo, pero mientras mantenga una capacidad de refinación prácticamente saturada, los consumidores continuarán expuestos a precios elevados, márgenes empresariales extraordinarios y crisis geopolíticas que también repercuten sobre economías importadoras como la República Dominicana.

La reunión convocada por el presidente Donald Trump con representantes de las principales refinerías y distribuidoras de combustibles de Estados Unidos no constituye un encuentro empresarial ordinario. Es la expresión de una tensión política, económica y estratégica que la Casa Blanca ya no puede disimular: la promesa de alcanzar el dominio energético estadounidense choca con una realidad tangible en las estaciones de servicio, donde el precio promedio de la gasolina supera los cuatro dólares por galón. Mientras el discurso oficial proclama abundancia, independencia y expansión productiva, millones de ciudadanos enfrentan un combustible más caro que erosiona sus ingresos y alimenta la percepción de que el crecimiento de las ganancias corporativas no se traduce en alivio para los consumidores. Reuters informó que la reunión fue programada para este martes 1 de septiembre, mientras la Casa Blanca reconocía que el sistema de refinación opera cerca del límite de su capacidad disponible. [reuters.com], [cnbc.com]

El encuentro, celebrado a puerta cerrada en la Sala del Gabinete y fijado en la agenda presidencial para la 1:30 de la tarde, reunió a representantes de empresas pequeñas, medianas y grandes, junto con funcionarios encargados de la política energética nacional. Hasta la tarde de este martes no se habían divulgado públicamente compromisos definitivos ni resultados verificables derivados de las conversaciones. Por tanto, la actualidad obliga a distinguir entre la expectativa política y las decisiones concretas. La Casa Blanca ha señalado que busca identificar medidas de corto plazo para aumentar la capacidad de refinación, fortalecer la cadena de suministro y reducir los precios, pero el verdadero alcance del encuentro solo podrá evaluarse cuando se anuncien inversiones, plazos, reformas regulatorias y obligaciones específicas para las compañías participantes. [rollcall.com], [justthenews.com]

Trump ha acusado a las refinerías de abusar de los consumidores, ha solicitado una investigación del Departamento de Justicia y las ha emplazado a emplear parte de sus beneficios extraordinarios para reducir los precios. La presión tiene una explicación inmediata. Marathon Petroleum, Phillips 66 y Valero Energy obtuvieron ganancias combinadas por 12,600 millones de dólares durante el segundo trimestre de 2026, favorecidas por el aumento de los márgenes de la gasolina y el diésel, así como por una creciente demanda internacional de combustibles estadounidenses ante las interrupciones del suministro global. Para la opinión pública, estas cifras resultan difíciles de conciliar con el sacrificio que se exige a las familias. Sin embargo, convertir esas utilidades en reducciones automáticas del precio final requiere algo más que una exhortación presidencial, pues el mercado de los combustibles está determinado por costos de producción, logística, inventarios, impuestos, regulación ambiental, competencia regional y riesgos geopolíticos. [reuters.com], [roic.ai]

La ofensiva de Trump también encierra una contradicción política evidente. Durante años, el presidente ha presentado a la industria petrolera como una aliada indispensable de su proyecto de crecimiento, seguridad nacional y supremacía energética. Ahora la acusa de beneficiarse excesivamente de una crisis que amenaza con convertirse en un costo electoral. La gasolina es uno de los indicadores económicos más visibles para cualquier ciudadano estadounidense. Su precio aparece cada día en enormes letreros y actúa como un recordatorio constante del costo de vida. Cuando sube, no solo afecta a quienes conducen automóviles. También encarece el transporte de mercancías, la distribución de alimentos, los servicios de mensajería, los viajes y una parte significativa de la producción industrial. Por eso, la reunión no puede separarse del clima político previo a las elecciones legislativas de medio término, particularmente cuando la asequibilidad se consolida como una preocupación determinante para los votantes. [cnbc.com], [cryptobriefing.com]

El problema estructural radica en que producir más petróleo no equivale necesariamente a disponer de más gasolina. El crudo debe ser transportado, procesado y convertido en derivados comercializables. Si las refinerías trabajan cerca de su capacidad máxima, una mayor producción petrolera puede acumularse sin provocar una reducción proporcional en los surtidores. A ello se agrega que no todas las plantas están diseñadas para procesar las mismas variedades de petróleo. Algunas instalaciones de la costa estadounidense del golfo de México fueron configuradas para manejar crudos pesados, como el venezolano, mientras otras requieren mezclas diferentes. Esta realidad explica por qué la expansión de la oferta de crudo puede resultar insuficiente si no se realizan inversiones simultáneas en mantenimiento, modernización, almacenamiento, transporte y ampliación de las instalaciones refinadoras. [cnbc.com], [roic.ai]

Construir una nueva refinería de gran escala no es una solución inmediata. Requiere miles de millones de dólares, extensos procesos de permisos, estudios ambientales y años de planificación. Además, las compañías deben calcular si una inversión de esa magnitud podrá recuperarse en un mercado que, a mediano y largo plazo, enfrentará el crecimiento de los vehículos eléctricos, nuevas normas de eficiencia energética y presiones para reducir las emisiones contaminantes. El capital privado difícilmente se comprometerá con grandes proyectos si percibe señales regulatorias contradictorias o si teme que la demanda futura no justifique la inversión. Por eso, la Casa Blanca habla de “medidas concretas a corto plazo”, una expresión que probablemente abarque ampliaciones en instalaciones existentes, flexibilización temporal de determinadas reglas, mejora de la logística interna, incentivos tributarios y revisión de obligaciones relacionadas con los biocombustibles. [cnbc.com], [justthenews.com]

Las empresas, por su parte, llegan a la conversación con su propia agenda. Algunas pretenden revisar la política federal de biocombustibles, cuyos mandatos pueden aumentar los costos de cumplimiento, especialmente para las refinerías más pequeñas. Otras buscan modificaciones en la Ley Jones, que exige que el transporte de mercancías entre puertos estadounidenses se efectúe en embarcaciones construidas, registradas y tripuladas conforme a requisitos nacionales. Aunque esa legislación protege intereses marítimos estratégicos, también puede elevar el costo de movilizar combustibles desde las regiones con excedentes hacia aquellas donde existe escasez. Esto demuestra que el precio final no depende exclusivamente del petróleo ni de la voluntad de las compañías, sino de una compleja arquitectura normativa cuyo funcionamiento debe revisarse sin debilitar la seguridad industrial, ambiental y laboral. [reuters.com], [roic.ai]

La incorporación del petróleo venezolano añade otra dimensión al debate. La administración Trump procura aumentar el flujo de crudo desde Venezuela hacia las refinerías estadounidenses como parte de una estrategia más amplia para reforzar el abastecimiento hemisférico. Sin embargo, convertir las vastas reservas venezolanas en producción estable requerirá cuantiosas inversiones, rehabilitación de infraestructura, seguridad jurídica y tiempo. Incluso los anuncios más ambiciosos no reducirán de inmediato los precios estadounidenses si persisten los cuellos de botella en refinación. La experiencia obliga a evitar la ilusión de que anunciar millones de barriles bajo tierra equivale a colocar combustible barato en las estaciones al día siguiente. Entre una reserva certificada y un galón vendido existen pozos, oleoductos, terminales, barcos, seguros, autorizaciones, refinerías y redes de distribución. [kpcw.org], [cnbc.com]

También existe una delicada cuestión de credibilidad institucional. Trump ha construido buena parte de su liderazgo mediante la personalización de los conflictos y la presión pública sobre ejecutivos, empresas y sectores económicos. Esa táctica puede producir titulares y concesiones coyunturales, pero no sustituye una política energética coherente. La exclusión de Exxon de la reunión, después de que su director ejecutivo calificara a Venezuela como poco atractiva para la inversión en las condiciones existentes, transmite una señal problemática. Las diferencias empresariales sobre riesgos financieros no deberían interpretarse automáticamente como desafíos políticos. Si los ejecutivos temen que expresar criterios técnicos pueda provocar represalias, el Gobierno corre el riesgo de obtener respuestas complacientes en lugar de diagnósticos honestos. [reuters.com], [roic.ai]

Investigar posibles prácticas abusivas es legítimo cuando existen evidencias de manipulación, colusión o aprovechamiento anticompetitivo. Sin embargo, acusar públicamente a toda una industria antes de concluir una investigación puede generar incertidumbre y debilitar la confianza necesaria para movilizar inversiones. El Departamento de Justicia y las autoridades reguladoras deben determinar si los elevados márgenes responden a conductas ilegales o a una combinación extraordinaria de capacidad restringida, demanda elevada e interrupciones internacionales. La indignación presidencial no puede reemplazar el debido proceso. Tampoco las ganancias empresariales, por elevadas que sean, deben quedar exentas del escrutinio público cuando coinciden con un deterioro significativo del poder adquisitivo de la población. [reuters.com], [cryptobriefing.com]

La crisis con Irán y las perturbaciones en las rutas internacionales de petróleo han expuesto la vulnerabilidad de un mercado que puede sufrir alteraciones aunque Estados Unidos produzca grandes cantidades de crudo. Según estimaciones citadas por la industria, los conflictos en Irán y Ucrania habrían retirado del mercado alrededor de cinco millones de barriles diarios de capacidad de refinación. Cuando desaparece una parte considerable de la oferta mundial de productos terminados, compradores extranjeros recurren a las refinerías estadounidenses, elevando los márgenes de exportación y compitiendo con el abastecimiento interno. De esta manera, la gasolina estadounidense se convierte en una mercancía global cuyo precio no puede aislarse por completo de las crisis internacionales. [cnbc.com], [roic.ai]

La actualidad estadounidense tiene implicaciones directas para la República Dominicana. Estados Unidos continúa siendo un proveedor fundamental de petróleo refinado y gas para el mercado dominicano. En junio de 2026, el país importó desde el mercado estadounidense aproximadamente 276 millones de dólares en petróleo refinado y 109 millones de dólares en gas de petróleo. Esto significa que cualquier presión prolongada sobre las refinerías estadounidenses puede transmitirse a los precios de importación, los costos de transporte, la factura eléctrica, la inflación y los subsidios que el Gobierno dominicano utiliza para amortiguar las variaciones internacionales. [oec.world], [aduanas.gob.do]

La factura dominicana de hidrocarburos ya refleja esa vulnerabilidad. Entre enero y abril de 2026, las importaciones de combustibles alcanzaron 1,867.15 millones de dólares, para un crecimiento interanual de 13.1 %, y representaron alrededor del 18.4 % de las importaciones totales del país. El Banco Central estimó, además, que el choque energético asociado al conflicto con Irán podría añadir unos 900 millones de dólares a la factura petrolera de 2026 y elevarla a aproximadamente 5,400 millones de dólares al cierre del año. No se trata, por tanto, de una controversia distante entre Trump y las petroleras. Es una disputa capaz de impactar el costo de vida, las cuentas fiscales, la disponibilidad de divisas y la competitividad de las empresas dominicanas. [larazon.do], [diariolibre.com]

La República Dominicana debe observar este episodio como una advertencia estratégica. Depender excesivamente de combustibles importados significa transferir al mercado interno las consecuencias de decisiones políticas, conflictos militares, cierres logísticos y limitaciones industriales que se producen fuera de nuestras fronteras. La respuesta nacional no puede limitarse a subsidiar semanalmente los precios. Aunque esa herramienta protege temporalmente a hogares y sectores productivos, su aplicación prolongada consume recursos públicos que podrían destinarse a educación, salud, infraestructura y protección social. La política energética dominicana necesita acelerar la diversificación de la matriz, ampliar la generación renovable, fortalecer el almacenamiento estratégico, mejorar el transporte colectivo y promover una mayor eficiencia en el consumo. [noticiasacn.com], [diariolibre.com]

Trump tiene razón en una cuestión fundamental: las ganancias extraordinarias obtenidas en medio de una emergencia merecen explicación, vigilancia y responsabilidad social. Pero también debe reconocer que la saturación de las refinerías no surgió de un día para otro ni puede resolverse mediante una reprimenda televisada. Es el resultado de décadas de decisiones empresariales, ambientales, regulatorias y financieras. Pretender que una reunión en la Casa Blanca produzca una reducción inmediata y sostenible puede generar expectativas que el propio mercado no está en condiciones de satisfacer. La verdadera prueba será si el Gobierno presenta una estrategia medible que combine competencia, transparencia, inversión, protección del consumidor y estabilidad regulatoria. [reuters.com], [cnbc.com]

El encuentro del 1 de septiembre de 2026 coloca frente a frente dos formas de poder: la autoridad política de un presidente que necesita mostrar resultados y la influencia económica de compañías que controlan infraestructura indispensable. Los consumidores quedan en el centro, pagando las consecuencias de una capacidad insuficiente, de la incertidumbre internacional y de una política que durante demasiado tiempo confundió abundancia de petróleo con seguridad energética. Si la reunión termina solamente en fotografías, acusaciones y promesas, el precio de la gasolina seguirá siendo un símbolo de impotencia gubernamental. Si produce compromisos verificables, inversiones realistas y mayor transparencia sobre los márgenes de refinación, podría convertirse en el comienzo de una corrección necesaria.

La energía barata no se decreta. Se construye mediante planificación, competencia, infraestructura, diplomacia y previsión estratégica. Esa es la lección que Estados Unidos debe asumir y que la República Dominicana no puede ignorar.

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