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PRM elige en unidad al presidente Luis Abinader, Garrigó y Ascención para dirigir el partido

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La secretaria de organización será Gloria Reyes, el secretario Electoral Luis Delgado y se eligió la CNEI

Santo Domingo. El Partido Revolucionario Moderno (PRM) escogió mediante una plancha unitaria a la nueva dirección nacional que conducirá la organización durante el período 2026-2030.

El presidente de la República, Luis Abinader, fue escogido presidente del partido; Deligne Ascención, primer vicepresidente ejecutivo y Juan Garrigó Mejía, secretario general.

En tanto que Gloria Reyes, fue escogida secretaria Nacional de Organización y Luis Delgado, Secretario Nacional Electoral.

La segunda vicepresidencia la ocupará Milagros Ortiz Bosch, la tercera Eddy Olivares, la cuarta Nelson Arroyo y la quinta Salvador Ramos.

Como subsecretarios generales fueron electos Kelvin Cruz, Lía Díaz, Jean Luis Rodríguez y Rosa Santos.

La Comisión Nacional de Elecciones Internas quedó integrada de La siguiente manera Presidente: Deligne Alberto Ascención Burgos.
Vicepresidente Ejecutivo: Dionicio de los Santos.

Miembros Salvador Ramos, Rafael Evaristo Santos Badia, Sigmund Freud Mena, Edgar Batista, Darío Castillo Lugo, Iñigo Larrazábal., Jaime Marte Martínez, Sarah Paulino, Scarlet Benzan, Carlos Valdez, Daris Sánchez y Eddy Arango.

Las nuevas autoridades nacionales serán juramentadas el próximo 5 de septiembre por un periodo de cuatro años, mientras que las territoriales fueron electas en procesos locales por dos años.

Paliza resalta la unidad

En su discurso final como presidente del PRM, José Ignacio Paliza, señaló que la unidad ha sido la clave en esos ocho años de trabajo político y que esta no consiste en pensar igual.
“Creo profundamente que uno de los mayores activos que hoy entregamos es precisamente un partido unido. Un partido que ha sabido renovarse sin fracturarse”, dijo.

Argumentó que el PRM es un partido donde las nuevas generaciones encuentran espacio para crecer. Un partido que ha demostrado que es posible competir con firmeza y convivir con respeto.

Expuso que “Tuvimos diferencias. Sería ingenuo negarlo. En un partido amplio, democrático y vivo, las diferencias son inevitables”, manifestó.
Paliza enfatizó en que lo importante nunca fue evitar las diferencias, sino administrarlas con respeto y con la convicción de que ningún liderazgo puede construirse sobre la división de los demás.

Consideró que durante estos años se fortalecieron las estructuras territoriales, “modernizamos mecanismos organizativos, ampliamos nuestra presencia nacional, consolidamos nuestra institucionalidad y fijamos nuestra marca distintiva”.

Exhortó a proteger la institucionalidad, escuchar sobretodo a quienes piensan distinto.

Carolina Mejía confía en nuevas autoridades

La secretara general saliente, Carolina Mejía destacó que entrega el puesto con la satisfacción del deber cumplido y con la profunda tranquilidad de saber que esta posición queda en muy buenas manos.

“Lo hago con gratitud por cada dirigente, cada militante y cada dominicano que creyó en el trabajo que juntos realizamos durante estos años”, dijo.
Enfatizó en que tiene “plena confianza en quienes asumen esta responsabilidad el presidente Abinader, Deligne y Juan. Sé de su compromiso, de su capacidad y de su amor por este partido. Estoy segura de que seguirán fortaleciendo lo más valioso que hemos construido entre todos: la unidad”.

Sostuvo que los cargos pasan, pero los principios permanecen. Y mientras el PRM siga unido, escuchando a su gente y trabajando con un mismo propósito, seguirá siendo la fuerza que garantice un mejor futuro para la República Dominicana.

“Hoy entrego esta responsabilidad con serenidad, con orgullo y con la certeza de que las mejores páginas de nuestra historia aún están por escribirse”, expuso Mejía.

Deligne resalta trabajo en organización

Deligne Ascención Burgos, manifestó que como secretario nacional de Organización, asumió la responsabilidad de contribuir al fortalecimiento territorial e institucional del partido.

“Fue una misión intensa, muchas veces discreta, que implicó coordinar dirigentes, acompañar procesos internos, preservar equilibrios y procurar que cada compañero encontrara un espacio desde el cual aportar. Parte de esa responsabilidad consistió en contribuir a orientar el camino, pero también en mantener siempre la disposición de escuchar y aprender de nuestros compañeros”.

Indicó que organizar un partido no consiste solamente en crear estructuras. También significa comprender sensibilidades, conciliar posiciones y mantener unida a una organización diversa alrededor de objetivos comunes.

Explicó que la unidad no surge espontáneamente: se construye mediante el diálogo, el respeto y la convicción de que ningún proyecto colectivo puede depender exclusivamente de una persona.

“Durante estos años también tuve el honor de formar parte del equipo político que acompañó el liderazgo de Luis Abinader. Contribuimos a proyectar su visión, a respaldarla con una estructura nacional y a convertir una alternativa política en una mayoría electoral”, expuso Deligne./

Comentario

Renovar la confianza: responsabilidad, unidad y futuro 🇩🇴✨

Hoy el PRM ha dado un paso que merece ser leído con atención: la elección de su nueva dirección nacional —con Luis Abinader al frente, Deligne Ascención y Juan Garrigó en puestos claves, y con Gloria Reyes como secretaria de Organización y Luis Delgado como secretario Electoral— no es solo un relevo de nombres; es una prueba de madurez política y de responsabilidad colectiva.

No se trata de cargos. Se trata de compromisos. Cuando una organización política decide actuar en unidad, cuando prioriza la institucionalidad por encima del protagonismo individual, está enviando un mensaje claro: la política puede ser un servicio y no un espectáculo. Esa decisión exige, además, resultados concretos: estructuras territoriales fuertes, mecanismos transparentes y una relación renovada con la militancia y la ciudadanía.

Gloria Reyes asume una tarea decisiva. Modernizar la relación con la base, abrir espacios reales para mujeres y jóvenes, y profesionalizar la organización son objetivos que no admiten retórica. Requieren trabajo en los barrios, formación constante, rendición de cuentas y la valentía de escuchar a quienes piensan distinto. Si la organización cumple con eso, la política recupera dignidad y sentido.

La Comisión Nacional de Elecciones Internas y la Secretaría Electoral tienen una responsabilidad adicional: garantizar procesos limpios, imparciales y creíbles. La confianza se construye con reglas claras y con la certeza de que las decisiones internas se toman con transparencia y respeto por la diversidad de voces.

A la ciudadanía: la política merece su vigilancia y su participación. No basta con observar desde la distancia; la democracia se fortalece cuando la gente exige coherencia, resultados y ética. Exigir transparencia, apoyar la inclusión real de mujeres y jóvenes, y pedir cuentas son actos de amor por la República.

A las nuevas autoridades: la legitimidad se gana día a día. La unidad proclamada debe traducirse en políticas internas que protejan la institucionalidad, en espacios de formación para cuadros territoriales y en canales efectivos de comunicación con la base. Solo así se transforma una promesa en un legado.

Hoy no celebramos nombres; celebramos la oportunidad de demostrar que la política puede ser útil, honesta y cercana. Que la unidad no sea un eslogan, sino una práctica diaria. Que la renovación incluya a quienes históricamente han sido marginados y que la institucionalidad sea el escudo contra la improvisación.

Que la juramentación del 5 de septiembre sea el inicio de una etapa donde la palabra “responsabilidad” recupere su peso. La ciudadanía observa, exige y espera. No defraudarla será la verdadera victoria. ✊🇩🇴

#Unidad #Institucionalidad #Transparencia #MujeresYJóvenes #ParticipaciónCiudadana

Opinión

La unidad como prueba de madurez política

La elección de nuevas autoridades en una organización política no debe leerse únicamente como un trámite interno, sino como una prueba de madurez, disciplina y capacidad institucional. Cuando un partido logra renovar su dirección sin fracturas visibles, mediante acuerdos amplios y con participación de sus estructuras, envía un mensaje relevante al sistema democrático: la política también puede ser espacio de concertación, orden y visión de futuro.

En una democracia, los partidos no son simples maquinarias electorales. Son instrumentos de representación, formación de liderazgo, canalización de aspiraciones sociales y construcción de gobernabilidad. Por eso, cada proceso interno debe ser observado con atención, no solo por sus militantes, sino por una ciudadanía que exige organizaciones más transparentes, más responsables y más conectadas con las necesidades reales del país.

La unidad, sin embargo, no puede confundirse con unanimidad ciega. Una organización política verdaderamente viva contiene diferencias, debates, aspiraciones y sensibilidades diversas. El reto no consiste en borrar esas diferencias, sino en administrarlas con respeto, convertirlas en energía constructiva y evitar que las legítimas ambiciones personales se coloquen por encima del proyecto colectivo.

Ese es el verdadero desafío del liderazgo moderno: unir sin imponer, escuchar sin debilitarse, decidir sin excluir y renovar sin destruir lo construido. En tiempos de desconfianza hacia la política, los ciudadanos valoran cada vez más a las instituciones capaces de resolver sus tensiones internas con responsabilidad y sentido democrático.

La renovación de cuadros, la integración de nuevas generaciones, la participación de dirigentes territoriales y la organización de procesos internos son señales que deben fortalecerse de manera permanente. Ningún partido puede sostenerse solo sobre figuras individuales. Las personas inspiran, pero las instituciones perduran. Los liderazgos orientan, pero las estructuras garantizan continuidad.

Por eso, más allá de nombres y cargos, lo esencial es que cada nueva etapa partidaria se traduzca en mayor cercanía con la gente, mejor formación política, más transparencia organizativa y una agenda conectada con los problemas nacionales. La ciudadanía dominicana no necesita partidos encerrados en sus propias disputas, sino organizaciones capaces de escuchar, proponer y actuar con sentido de país.

El mensaje alentador para los ciudadanos no debe ser de adhesión automática, sino de participación consciente. Votar, exigir, fiscalizar, debatir y acompañar los procesos democráticos son responsabilidades compartidas. Una democracia fuerte no se construye únicamente desde los gobiernos ni desde los partidos, sino desde una ciudadanía activa que comprende el valor de sus decisiones.

La política dominicana atraviesa una etapa en la que la unidad debe ir acompañada de humildad, apertura y resultados. La confianza pública no se hereda ni se decreta: se gana todos los días con coherencia, servicio y capacidad de respuesta. Toda dirección política que asuma responsabilidades debe entender que dirigir no es mandar, sino servir; no es ocupar espacios, sino construir propósitos comunes.

En definitiva, la unidad partidaria solo adquiere verdadero sentido cuando se pone al servicio de la democracia, del desarrollo nacional y de la gente. Porque los cargos pasan, las coyunturas cambian y los liderazgos se transforman, pero el país permanece como la causa mayor.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor