81ª sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas
Netanyahu llega a la ONU con un viaje relámpago: defensa del Estado de Israel, promesa de «sorpresas» y una Asamblea General marcada por la presión diplomática
Nueva York / Jerusalén. El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, intervendrá este jueves 24 de septiembre ante el Debate General de la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas (UNGA81), en una comparecencia que ha anticipado como una defensa frontal del Estado de Israel y de los soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) frente a lo que califica como falsedades difundidas internacionalmente. «Voy a ir a la ONU. Voy a decir la verdad sobre nuestros heroicos soldados», declaró el mandatario en un mensaje difundido en su cuenta de X, en el que adelantó además que su intervención incluirá elementos inesperados. [infobae.com], [nbcnewyork.com]
La comparecencia está prevista para el cierre de la sesión matinal, alrededor de las 14:00 hora local (18:00 GMT), y se producirá en un formato inusualmente breve: medios israelíes reportan que Netanyahu permanecerá apenas seis horas en la ciudad, aterrizará en un aeropuerto militar de Nueva Jersey en el avión oficial Ala de Sión y regresará a Israel esa misma noche, sin reuniones bilaterales previstas —ni siquiera con el presidente Donald Trump— al margen de la Asamblea. La oficina del primer ministro difundió este miércoles una fotografía del mandatario en su despacho de Jerusalén junto a asesores «preparando su discurso», sin ofrecer detalles adicionales de agenda. [infobae.com], [abc.com.py] [infobae.com]
Un escenario diplomático de alta densidad
El Debate General de la UNGA81 se celebra del 22 al 28 de septiembre bajo el lema«Restaurar la confianza, gestionar la transformación: unas Naciones Unidas que cumplan para todos», bajo la presidencia de Khalilur Rahman, de Bangladesh, y con la última apertura de ciclo del secretario general António Guterres, cuyo mandato concluye el 31 de diciembre. La agenda de este año está dominada por la guerra con Irán, el futuro de Gaza, la cuestión palestina, la gobernanza de la inteligencia artificial y una disputa de fondo sobre el propio futuro del sistema multilateral. [aljazeera.com], [stats-data.com] [israelhayom.com]
Netanyahu llega a esta tribuna unas dos semanas después de que Reino Unido, Francia y Canadá se sumaran a otros nueve países europeos —entre ellos España— en el acuerdo para vetar el comercio con los asentamientos israelíes en Cisjordania ocupada, y aproximadamente un mes antes de las elecciones parlamentarias israelíes, en las que aspira a prolongar sus 19 años de gobierno repartidos en tres períodos. [efe.com], [quepolitica.com]
Según el diario israelí Israel Hayom, el discurso se estructurará en torno a dos ejes: el aumento del antisemitismo y el trato que, a juicio de Jerusalén, recibe Israel en los foros internacionales; y la cuestión iraní, seis meses después del inicio del conflicto con Teherán, con una presentación visual sobre el programa nuclear y referencias explícitas al futuro del régimen iraní. [israelhayom.com]
Dimensión jurídica y política de la visita
La presencia del primer ministro israelí en territorio estadounidense se produce bajo la orden de detención emitida por la Corte Penal Internacional (CPI) el 21 de noviembre de 2024, que le atribuye presunta responsabilidad por crímenes de guerra —incluida la utilización de la inanición como método de guerra y ataques dirigidos contra población civil— y crímenes de lesa humanidad. Se trata de imputaciones judiciales, no de una condena definitiva; Estados Unidos no es Estado parte del Estatuto de Roma y ha descartado ejecutar la orden. [jornada.com.mx], [koha.net]
El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, ha reiterado su llamado a que el Gobierno federal haga efectiva dicha orden, reconociendo a la vez que la ciudad carece de competencia jurídica autónoma para ello. Netanyahu respondió públicamente al alcalde, anticipando que lo mencionará desde el podio de la Asamblea. Organizaciones propalestinas y de la sociedad civil neoyorquina —entre ellas el Movimiento Juvenil Palestino, Jewish Voice for Peace y Democratic Socialists of America— han convocado una movilización para el jueves 24 con recorrido desde Bryant Park hasta la sede de la ONU. [nbcnewyork.com], [hispantv.com] [nbcnewyork.com] [jornada.com.mx], [truthout.org]
Lectura académica: diplomacia pública y legitimidad internacional
Desde la teoría de las relaciones internacionales, la intervención se inscribe en lo que Joseph S. Nye conceptualizó como el uso del soft power y lo que Nicholas J. Cull definió como diplomacia pública: la utilización deliberada de un foro multilateral para moldear percepciones, disputar narrativas y consolidar coaliciones de apoyo. La Asamblea General, órgano de composición universal conforme a los artículos 9 a 22 de la Carta de las Naciones Unidas, carece de poder coercitivo, pero opera como el principal mecanismo global de legitimación y deslegitimación simbólica de las políticas estatales.
En ese marco, la brevedad calculada de la visita, la ausencia de encuentros bilaterales y la anticipación mediática de «sorpresas» configuran una estrategia comunicacional orientada simultáneamente a tres audiencias: el electorado israelí en precampaña, el aliado estadounidense y la opinión pública internacional. El precedente inmediato —la retirada masiva de delegaciones durante su discurso en la 80.ª Asamblea General, en septiembre de 2025— ofrece un parámetro de medición del capital diplomático con que Israel llega a esta edición. [france24.com], [elconfidencial.com]
La tribuna como campo de batalla: Netanyahu, la ONU y el precio de la legitimidad
El primer ministro israelí sube al podio de la 81.ª Asamblea General con un viaje de seis horas, una orden de arresto de la Corte Penal Internacional pendiente y unas elecciones a un mes de distancia. Lo que está en juego no es un discurso: es la capacidad de un Estado para seguir disputando el relato en el único foro donde todos los países valen lo mismo.
Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor
Hay discursos que se pronuncian para persuadir y discursos que se pronuncian para resistir. El que Benjamín Netanyahu llevará este jueves a la sede de las Naciones Unidas pertenece, casi con seguridad, a la segunda especie. No viaja a Nueva York a convencer a la sala; viaja a demostrar que todavía puede ocuparla. La diferencia es sutil pero decisiva, y explica cada detalle de una visita concebida como operación quirúrgica: seis horas en tierra, un aterrizaje en un aeropuerto militar de Nueva Jersey, ninguna reunión bilateral anunciada —ni siquiera con el presidente estadounidense— y un regreso inmediato a Jerusalén esa misma noche. Quien no busca negociar no necesita quedarse. Quien busca un titular, tampoco.
La promesa de «sorpresas», lanzada antes de partir junto al compromiso de «luchar contra las mentiras» y «decir la verdad sobre nuestros heroicos soldados», opera como un dispositivo de atención perfectamente calibrado para la economía informativa contemporánea. Es diplomacia pública en su forma más pura, en el sentido que le dio Nicholas Cull: el uso deliberado de un escenario multilateral no para dialogar con los Estados presentes, sino para hablar por encima de ellos a públicos que están en otra parte. Y esos públicos son tres, simultáneos y no del todo compatibles entre sí. Está el electorado israelí, que acudirá a las urnas en aproximadamente un mes y ante el cual Netanyahu necesita encarnar la figura del estadista asediado que no se arrodilla. Está Washington, socio indispensable cuya cobertura política sostiene el margen de maniobra israelí. Y está la opinión pública global, que en los últimos doce meses se ha desplazado con una velocidad que Jerusalén no anticipó y que hoy se expresa en decisiones concretas: doce países europeos, con Reino Unido, Francia y Canadá entre los últimos incorporados, acordaron vetar el comercio con los asentamientos en Cisjordania ocupada.
Ese desplazamiento es el dato verdaderamente estructural, y conviene nombrarlo sin eufemismos ni exageraciones. La Asamblea General no dicta sentencias ni impone sanciones; su poder, conforme al capítulo IV de la Carta, es deliberativo y recomendatorio. Pero precisamente por carecer de fuerza coercitiva, su función real es otra y más duradera: fabricar y retirar legitimidad. Un Estado puede sobrevivir largo tiempo al aislamiento diplomático; ningún Estado sobrevive indefinidamente a la erosión de su relato fundacional ante quienes antes lo compartían. La imagen de las delegaciones abandonando el salón durante la intervención israelí en la 80.ª Asamblea, hace exactamente un año, no fue un gesto ornamental: fue una medición pública del capital simbólico disponible. Este jueves esa medición se repetirá, y todos en la sala lo saben.
A ello se suma un elemento que altera cualitativamente el marco jurídico de la visita. Netanyahu pisará territorio estadounidense bajo una orden de detención dictada por la Corte Penal Internacional en noviembre de 2024, que le atribuye presunta responsabilidad por crímenes de guerra y de lesa humanidad. Es imprescindible la precisión: se trata de imputaciones, no de condenas, y rige la presunción de inocencia. Estados Unidos no es parte del Estatuto de Roma y no ejecutará la orden. Pero el derecho internacional no se agota en su ejecutabilidad inmediata; opera también como sedimento, como archivo, como condicionante futuro de la movilidad y la interlocución de un dirigente. El llamado del alcalde de Nueva York a que el Gobierno federal haga efectiva esa orden —admitiendo a la vez que la ciudad carece de competencia para ello— es jurídicamente inocuo y políticamente revelador. Señala que la disputa ya no ocurre solo entre cancillerías, sino dentro de las sociedades occidentales que fueron durante décadas el sostén moral del proyecto israelí.
El contenido anunciado del discurso confirma la lógica defensiva. Dos ejes: el antisemitismo creciente y el trato de Israel en los organismos internacionales, por un lado; Irán y su programa nuclear, por el otro, seis meses después del inicio del conflicto con Teherán. El primer eje apela a una memoria histórica genuina y a una amenaza real que ninguna crítica legítima a un gobierno debería banalizar. El segundo reactiva el argumento existencial que ha estructurado la política exterior israelí durante veinte años. Ambos son comprensibles. Ninguno responde, sin embargo, a la pregunta que la comunidad internacional formula con creciente insistencia y que no es una pregunta sobre el pasado sino sobre el día siguiente: qué horizonte político se ofrece a Gaza, qué estatuto a los palestinos, qué salida a un conflicto que ha consumido la paciencia de los aliados y la vida de decenas de miles de civiles.
Ahí reside la tensión que hace de esta comparecencia algo más que un episodio de la agenda diplomática. Netanyahu acude a defender la verdad de su país en un foro donde la verdad no se decide por decibelios, y donde la ausencia de una propuesta de futuro pesa más, a la larga, que la contundencia de cualquier denuncia. La UNGA81 sesiona bajo el lema de restaurar la confianza y gestionar la transformación. Es una consigna incómoda para todos los que suben al podio, porque exige exactamente aquello que la política de guerra suspende: la disposición a imaginar un orden compartido. Si el primer ministro israelí ofrece esa imaginación, habrá dado una sorpresa genuina. Si ofrece únicamente firmeza, habrá confirmado que el foro donde acude a defenderse es, cada vez más, el lugar donde se está perdiendo.
יוצא לאו״ם כדי להילחם על האמת שלנו. צפו להפתעות 🇮🇱 pic.twitter.com/NQa5jIgEDm
— Benjamin Netanyahu – בנימין נתניהו (@netanyahu) September 23, 2026
Referencias
- Naciones Unidas. Carta de las Naciones Unidas, capítulo IV, artículos 9–22.
- Naciones Unidas. 81.º período de sesiones de la Asamblea General: Debate General. [news.un.org]
- Corte Penal Internacional. Órdenes de detención emitidas el 21 de noviembre de 2024. [jornada.com.mx]
- Nye, Joseph S. Soft Power: The Means to Success in World Politics. Nueva York: PublicAffairs, 2004.
- Cull, Nicholas J. Public Diplomacy: Foundations for Global Engagement in the Digital Age. Cambridge: Polity Press, 2019.
- EFE / Infobae, ABC Color, Israel Hayom, NBC New York, La Jornada y Al Jazeera, coberturas del 14 al 23 de septiembre de 2026. [efe.com], [infobae.com], [israelhayom.com], [nbcnewyork.com], [jornada.com.mx], [aljazeera.com]
La tribuna como campo de batalla: Netanyahu, la ONU y la economía política de la legitimidad
El primer ministro israelí sube al podio de la 81.ª Asamblea General con un viaje de seis horas, una orden de arresto de la Corte Penal Internacional pendiente y unas elecciones a un mes de distancia. Lo que está en juego no es un discurso, sino algo que la teoría de las relaciones internacionales nombró hace sesenta años y que hoy vuelve a decidirse en tiempo real: la función de legitimación colectiva que ejerce el único foro donde todos los Estados valen lo mismo.
Hay discursos que se pronuncian para persuadir y discursos que se pronuncian para resistir. El que Benjamín Netanyahu llevará este jueves a la sede de las Naciones Unidas pertenece, casi con seguridad, a la segunda especie. No viaja a Nueva York a convencer a la sala; viaja a demostrar que todavía puede ocuparla. La diferencia es sutil pero decisiva, y explica cada detalle de una visita concebida como operación quirúrgica: seis horas en tierra, un aterrizaje en un aeropuerto militar de Nueva Jersey, ninguna reunión bilateral anunciada —ni siquiera con el presidente estadounidense— y un regreso inmediato a Jerusalén esa misma noche. Quien acude a negociar necesita tiempo; quien acude a certificar una presencia, no. Inis Claude describió en 1966 lo que ocurre en ese salón con una fórmula que no ha envejecido: la Asamblea General ejerce ante todo una función de legitimación colectiva, un mecanismo mediante el cual la comunidad de Estados confiere o retira aprobación simbólica a las conductas de sus miembros, sin necesidad de disponer de fuerza coercitiva alguna. Netanyahu no va a buscar votos. Va a disputar esa certificación. [infobae.com], [abc.com.py]
La promesa de «sorpresas», lanzada antes de partir junto al compromiso de «luchar contra las mentiras» y «decir la verdad sobre nuestros heroicos soldados», opera como un dispositivo de atención calibrado para la economía informativa contemporánea. Es diplomacia pública en el sentido preciso que le dio Nicholas Cull: el uso deliberado de un escenario multilateral no para dialogar con los Estados presentes, sino para hablar por encima de ellos a públicos situados en otra parte. Y aquí el análisis exige la herramienta de Robert Putnam, cuyo modelo de los juegos de doble nivel sigue siendo el instrumento más fino para entender por qué un dirigente sacrifica capital externo a cambio de rédito interno. Netanyahu negocia simultáneamente en dos tableros cuyos conjuntos ganadores se han vuelto incompatibles: el electorado israelí, que acudirá a las urnas en aproximadamente un mes y ante el cual debe encarnar al estadista asediado que no se arrodilla, y una audiencia internacional cuya tolerancia se agota. Cuando el conjunto ganador doméstico se estrecha, la política exterior deja de ser un instrumento de acomodación y se convierte en un espejo de la contienda interna. Ese es, exactamente, el discurso que se anuncia. [infobae.com], [nbcnewyork.com]
El desplazamiento de la tercera audiencia —la opinión pública global— constituye el dato estructural del momento, y conviene nombrarlo sin eufemismos ni exageraciones. Doce países europeos, con Reino Unido, Francia y Canadá entre los últimos incorporados, acordaron vetar el comercio con los asentamientos en Cisjordania ocupada. Martha Finnemore y Kathryn Sikkink describieron el proceso por el cual una norma internacional atraviesa un umbral crítico y se vuelve contagiosa: primero la promueven emprendedores normativos periféricos, luego la adoptan Estados pivote, y a partir de cierta masa la conformidad se generaliza por presión reputacional antes que por convicción. Lo relevante no es que doce países hayan actuado, sino quiénes son: cuando los Estados que durante décadas operaron como garantes del relato israelí comienzan a traducir la crítica en medidas comerciales, el proceso ha superado la fase discursiva. A ello se suma el mecanismo boomerang de Margaret Keck y Sikkink, visible en la articulación entre redes transnacionales de la sociedad civil, tribunales internacionales y gobiernos occidentales presionados desde abajo por sus propias ciudadanías. [efe.com]
Ese engranaje explica el elemento que altera cualitativamente el marco jurídico de la visita. Netanyahu pisará territorio estadounidense bajo una orden de detención dictada por la Corte Penal Internacional en noviembre de 2024, que le atribuye presunta responsabilidad por crímenes de guerra y de lesa humanidad. La precisión es imprescindible y no admite atajos retóricos: se trata de imputaciones, no de condenas, y rige íntegra la presunción de inocencia. Estados Unidos no es parte del Estatuto de Roma y no ejecutará la orden. Pero el derecho internacional no se agota en su ejecutabilidad inmediata. Thomas Franck demostró que las normas internacionales obligan no por la amenaza de sanción sino por lo que llamó compliance pull: la fuerza de atracción que ejerce una regla percibida como legítima sobre actores que necesitan ser reconocidos como miembros plenos de una comunidad. Y Kathryn Sikkink documentó cómo la judicialización de la responsabilidad de mandatarios, una vez iniciada, opera en cascada y a largo plazo, condicionando movilidad, interlocución y memoria política mucho después de que el titular deje el cargo. El artículo 27 del Estatuto de Roma, que declara irrelevante el cargo oficial, existe precisamente para ese horizonte temporal. El llamado del alcalde de Nueva York a que el Gobierno federal ejecute la orden —admitiendo a la vez que la ciudad carece de competencia para ello— es jurídicamente inocuo y políticamente revelador: indica que la disputa ya no transcurre únicamente entre cancillerías, sino dentro de las sociedades occidentales. [jornada.com.mx] [nbcnewyork.com]
El contenido anunciado del discurso confirma la lógica defensiva. Dos ejes: el antisemitismo creciente y el trato de Israel en los organismos internacionales, por un lado; Irán y su programa nuclear, seis meses después del inicio del conflicto con Teherán, por el otro. Ambos ejes merecen consideración seria. El primero apela a una memoria histórica genuina y a una amenaza real que ninguna crítica legítima a un gobierno debería banalizar ni instrumentalizar. El segundo reactiva el argumento existencial que ha estructurado la política exterior israelí durante dos décadas y que, en la lógica realista de la seguridad, posee una racionalidad que sería deshonesto negar. Pero aquí interviene Robert Entman y su teoría del encuadre: un marco comunicacional no se impone por repetición cuando compite con imágenes que el público ya procesó por otra vía. La activación en cascada funciona mientras existe consonancia entre élites; cuando las élites aliadas se fracturan —y el veto comercial europeo es prueba de fractura—, el encuadre pierde capacidad de cierre interpretativo. Ningún volumen de denuncia sustituye entonces la ausencia de una respuesta a la pregunta que la comunidad internacional formula con creciente insistencia y que no interroga el pasado sino el día siguiente: qué horizonte político se ofrece a Gaza, qué estatuto a los palestinos, qué salida a un conflicto que ha consumido la paciencia de los aliados y la vida de decenas de miles de civiles. [israelhayom.com]
Ahí reside la tensión que convierte esta comparecencia en algo más que un episodio de agenda. Hedley Bull sostuvo que la sociedad internacional se sostiene sobre instituciones frágiles —el derecho, la diplomacia, el equilibrio— que no eliminan la anarquía pero la vuelven habitable; Ian Hurd añadió que la legitimidad es, en esa sociedad, un recurso tan material como los ejércitos, porque reduce el costo de obtener cooperación. Un Estado puede sobrevivir largo tiempo al aislamiento diplomático; ninguno sobrevive indefinidamente a la erosión del relato que lo vincula a quienes antes lo compartían. La imagen de las delegaciones abandonando el salón durante la intervención israelí en la 80.ª Asamblea, hace exactamente un año, no fue un gesto ornamental: fue una medición pública y cuantificable de ese capital. Este jueves la medición se repetirá, y todos en la sala lo saben. [france24.com]
La UNGA81 sesiona bajo el lema de restaurar la confianza y gestionar la transformación, en la última apertura de ciclo del secretario general António Guterres. Es una consigna incómoda para cuantos suban al podio, porque exige precisamente aquello que la política de guerra suspende: la disposición a imaginar un orden compartido. Netanyahu acude a defender la verdad de su país en un foro donde la verdad no se decide por decibelios y donde, como enseñó Claude, la aprobación colectiva se otorga o se niega con independencia de la fuerza de quien la reclama. Si el primer ministro ofrece esa imaginación —un horizonte, no una advertencia—, habrá dado una sorpresa genuina y habrá entendido la naturaleza del escenario que pisa. Si ofrece únicamente firmeza, habrá confirmado que el foro donde acude a defenderse es, cada vez más, el lugar donde se está perdiendo. [aljazeera.com]
Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor
Referencias
Barnett, Michael, y Martha Finnemore. Rules for the World: International Organizations in Global Politics. Ithaca: Cornell University Press, 2004. — Bull, Hedley. The Anarchical Society: A Study of Order in World Politics. Londres: Macmillan, 1977. — Claude, Inis L. «Collective Legitimization as a Political Function of the United Nations». International Organization 20, n.º 3 (1966): 367–379. — Cull, Nicholas J. Public Diplomacy: Foundations for Global Engagement in the Digital Age. Cambridge: Polity Press, 2019. — Entman, Robert M. Projections of Power: Framing News, Public Opinion, and U.S. Foreign Policy. Chicago: University of Chicago Press, 2004. — Finnemore, Martha, y Kathryn Sikkink. «International Norm Dynamics and Political Change». International Organization 52, n.º 4 (1998): 887–917. — Franck, Thomas M. The Power of Legitimacy Among Nations. Nueva York: Oxford University Press, 1990. — Hurd, Ian. After Anarchy: Legitimacy and Power in the United Nations Security Council. Princeton: Princeton University Press, 2007. — Keck, Margaret E., y Kathryn Sikkink. Activists Beyond Borders: Advocacy Networks in International Politics. Ithaca: Cornell University Press, 1998. — Nye, Joseph S. Soft Power: The Means to Success in World Politics. Nueva York: PublicAffairs, 2004. — Putnam, Robert D. «Diplomacy and Domestic Politics: The Logic of Two-Level Games». International Organization 42, n.º 3 (1988): 427–460. — Sikkink, Kathryn. The Justice Cascade: How Human Rights Prosecutions Are Changing World Politics. Nueva York: W. W. Norton, 2011. — Naciones Unidas. Carta de las Naciones Unidas, capítulo IV, artículos 9–22. — Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, artículos 27 y 58. — Corte Penal Internacional, órdenes de detención de 21 de noviembre de 2024. — Coberturas periodísticas del 14 al 23 de septiembre de 2026. [jornada.com.mx] [efe.com], [infobae.com], [abc.com.py], [nbcnewyork.com], [aljazeera.com], [israelhayom.com], [france24.com]
















