Inicio ECONÓMICAS Competitividad y modernización del Estado dominicano

Competitividad y modernización del Estado dominicano

72
Ministro de Administración Pública en el Almuerzo Semanal del Grupo de Comunicaciones Corripio

La competitividad de una nación no se mide únicamente por la calidad de sus carreteras, la estabilidad de su moneda, el dinamismo de sus exportaciones o la capacidad de atraer inversión extranjera. También se mide, y cada vez con mayor rigor, por la eficiencia de su Estado. Un país puede tener vocación productiva, ubicación geográfica privilegiada y talento humano disponible, pero si su administración pública opera con duplicidades, procesos lentos, nóminas dispersas y estructuras institucionales fragmentadas, su potencial queda limitado por dentro.

En ese contexto, la reciente exposición del ministro de Administración Pública, Sigmund Freund, sobre los avances en la sincerización y modernización del Estado dominicano debe ser leída como una oportunidad histórica. No se trata solo de un informe de gestión ni de una enumeración de medidas administrativas. Se trata de una señal política e institucional de alto valor: el país ha comenzado a mirar hacia el interior de su aparato público para corregir distorsiones acumuladas durante décadas.

Reconocer que el Estado dominicano no cuenta todavía con una información plenamente integrada sobre la totalidad de sus servidores públicos no debe verse como una confesión de debilidad, sino como el primer paso hacia una reforma seria. La transparencia comienza cuando se decide dejar de administrar sobre aproximaciones. Durante años, la administración pública funcionó con sistemas parciales, nóminas dispersas, empleados temporales convertidos de hecho en permanentes, personal nombrado en una jurisdicción y trabajando en otra, y estructuras institucionales que muchas veces se superponían sin producir mayor eficiencia.

El diagnóstico presentado por el Ministerio de Administración Pública, Sigmung Freund, revela una realidad que exige decisiones firmes: el Estado necesita organizarse por dentro para servir mejor hacia fuera. Ninguna reforma económica será plenamente sostenible si la administración pública no responde con agilidad, trazabilidad y responsabilidad. Ninguna política social será totalmente efectiva si los recursos se diluyen en estructuras duplicadas. Ninguna estrategia de desarrollo podrá consolidarse si el ciudadano y el inversionista encuentran un Estado lento, confuso o desconectado.

Por eso, la modernización digital no es un lujo tecnológico, sino una condición de gobernanza. La interoperabilidad entre instituciones, la recepción de documentación digital, la incorporación progresiva de sectores clave como Salud Pública y Educación al Sistema Integrado de Servicios Públicos, así como el monitoreo de la nómina por desempeño institucional, marcan una ruta correcta. Un Estado moderno debe saber cuántos empleados tiene, dónde están, qué funciones realizan, bajo qué régimen laboral trabajan y qué resultados aportan.

La reducción de los tiempos de respuesta del Ministerio de Administración Pública (MAP), de 30 días a 4.2 días en procesos internos, demuestra que cuando existe dirección, tecnología y disciplina administrativa, la burocracia puede transformarse. Esa mejora no es menor. Significa que el Estado puede abandonar la cultura del expediente dormido y avanzar hacia una gestión pública basada en resultados. Para el ciudadano, eso se traduce en menos frustración. Para las empresas, en menos costos de transacción. Para el país, en mayor competitividad.

La sincerización del empleo público es otro componente esencial de esta reforma. Identificar, auditar y regularizar la situación de servidores de carrera, empleados de confianza, personal temporal y funcionarios de libre nombramiento es fundamental para ordenar la administración pública y proteger la sostenibilidad fiscal. La existencia de empleados temporales durante 10 o 12 años no solo refleja una anomalía administrativa, también evidencia una deuda institucional con la legalidad y con la dignidad laboral.

Ahora bien, toda reforma profunda exige equilibrio. La fusión de instituciones, la supresión o reubicación de plazas, la eliminación de duplicidades y la revisión de estructuras deben realizarse con rigor técnico, transparencia y sensibilidad social. Modernizar el Estado no puede significar simplemente reducir personal. Debe significar reordenar capacidades, formar talento, reasignar funciones, fortalecer la carrera administrativa y garantizar que cada peso del presupuesto público tenga un impacto verificable.

La anunciada modificación a la Ley de Función Pública representa, por tanto, una oportunidad decisiva. Esa reforma debe blindar los concursos públicos, establecer reglas claras para la movilidad administrativa, fortalecer la meritocracia, corregir incorporaciones indebidas a la carrera y garantizar mecanismos efectivos de rendición de cuentas. Un Estado moderno no se construye solo con decretos, sino con instituciones capaces de sobrevivir a los ciclos políticos.

También resulta estratégico el enfoque en capacitación, especialmente en áreas emergentes como la inteligencia artificial. Las 2,000 becas anunciadas para empleados públicos apuntan en la dirección correcta. El futuro de la administración pública dependerá de servidores capaces de manejar datos, automatizar procesos, analizar información y diseñar soluciones centradas en el ciudadano. La transformación digital requiere tecnología, pero también requiere cultura organizacional y talento humano preparado.

Desde una perspectiva de estadista moderno, la reforma del Estado no debe entenderse como una agenda aislada del Ministerio de Administración Pública. Debe ser vista como una política transversal de desarrollo nacional. Un Estado eficiente mejora la inversión, aumenta la confianza, reduce la discrecionalidad, fortalece la transparencia y permite que el gasto público se oriente hacia educación, salud, infraestructura, innovación y protección social.

La República Dominicana compite hoy en un mundo donde los capitales buscan estabilidad, reglas claras y tiempos razonables. La eficiencia institucional se ha convertido en una ventaja competitiva. Un inversionista no solo evalúa impuestos, ubicación o mano de obra; también mide cuánto tarda un permiso, cuán confiable es un trámite, qué tan predecible es una institución y cuánta transparencia existe en la relación con el Estado.

Por eso, sincerizar la administración pública es mucho más que ordenar nóminas. Es construir confianza. Es decirle al ciudadano que los recursos públicos serán mejor utilizados. Es enviar una señal al sector privado de que el país avanza hacia una gestión más seria. Es demostrar que la modernización no consiste solo en digitalizar formularios, sino en cambiar la lógica del servicio público.

El presidente Luis Abinader ha colocado la modernización institucional, la austeridad y la eficiencia administrativa como parte de su narrativa de gobierno. Sin embargo, el desafío ahora es convertir esa narrativa en una arquitectura permanente de Estado. Las reformas que realmente transforman no son las que producen titulares inmediatos, sino las que dejan capacidades instaladas, normas claras, sistemas integrados y una cultura pública orientada al mérito y al servicio.

La administración pública dominicana tiene ante sí una oportunidad excepcional. Si completa el registro único del personal, depura la información del Sistema de Administración de Servidores Públicos (SASP), fortalece la interoperabilidad, protege a los trabajadores en transición, mejora los incentivos salariales para retener especialistas y publica resultados verificables, el país podrá dar un salto cualitativo en gobernanza.

Un Estado moderno no es el que más promete, sino el que mejor responde. No es el que más instituciones acumula, sino el que organiza sus capacidades para servir con eficiencia. No es el que oculta sus fallas, sino el que las reconoce y las corrige.

La sincerización de la administración pública puede convertirse en uno de los pilares silenciosos, pero decisivos, de la competitividad dominicana. Porque detrás de cada trámite que se agiliza, cada duplicidad que se elimina, cada dato que se integra y cada servidor público que se capacita, se construye un país más ordenado, más confiable y más preparado para competir en el siglo XXI.

Ese es el verdadero sentido de la modernización: un Estado que no sea carga, sino plataforma; que no sea obstáculo, sino aliado; que no sea laberinto, sino puente entre la ciudadanía, la inversión y el desarrollo nacional.

Sobre el autor, Luis Orlando Díaz Vólquez es ingeniero de sistemas de computadora, editor bibliográfico y productor de medios de comunicación.

guasabara.editor@gmail.com

Versión redes sociales:

Como ciudadano que exige un Estado eficiente y moderno: aplaudo que el Gobierno esté sincerando la administración pública, digitalizando trámites y ordenando la nómina. 👏💻📊

La transparencia y la interoperabilidad no son lujo: son competitividad. Si la Ley de Función Pública se actualiza y se hacen fusiones responsables con concursos claros, capacitación y protección para el personal, ganamos todos: menos gasto, más eficiencia y mejor servicio. ⚖️🔧🚀

No más nóminas opacas ni empleados “fantasma”; queremos un Estado ágil que facilite la inversión y cuide a su gente. 💪🇩🇴

#EstadoModerno #TransparenciaYA #CompetitividadRD #Digitalización #FunciónPública #TalentoPúblico #InnovaciónPública 🤝✨