
Diplomacia global
La ONU ante la hora de las decisiones
Los discursos de Mahmoud Abbas y Benjamin Netanyahu colocan nuevamente el conflicto israelí-palestino en el centro de la Asamblea General. Pero el mundo ya no necesita otra competencia de acusaciones: necesita una estrategia que combine seguridad para Israel, protección para los civiles palestinos, derrota del terrorismo, reconstrucción transparente y una salida política sostenible.
La tercera jornada del debate general de la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas representa mucho más que otra sucesión de discursos pronunciados desde la tribuna de Nueva York. Este 24 de septiembre, las intervenciones del presidente palestino Mahmoud Abbas y del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu concentran la atención internacional en un escenario marcado por la guerra en Gaza, la reconstrucción del territorio palestino y una creciente polarización diplomática.
El contraste entre ambas intervenciones simboliza una fractura que Naciones Unidas lleva décadas intentando administrar sin conseguir resolver. De un lado se encuentra Israel, un Estado que reclama su derecho a existir, defender a sus ciudadanos y neutralizar las amenazas terroristas. Del otro está un pueblo palestino que aspira a seguridad, dignidad, autodeterminación y condiciones materiales para construir su futuro.
Ambas realidades deben ser reconocidas simultáneamente. Negar cualquiera de ellas no acerca la paz. La posterga.
La discusión tampoco ocurre aislada de las demás crisis internacionales. Naciones Unidas identifica entre los asuntos centrales de esta Asamblea la cuestión palestina, la guerra en Ucrania, la guerra en Irán, el cambio climático, la justicia social, la inteligencia artificial y la amenaza que representa el aumento del nivel del mar. El debate general se desarrolla del 22 al 26 y el 28 de septiembre bajo el lema “Restaurar la confianza, gestionar la transformación: unas Naciones Unidas que cumplen para todos”.
El lema constituye, en sí mismo, un reconocimiento de la crisis institucional. La ONU necesita restaurar confianza porque amplios sectores de la comunidad internacional cuestionan su capacidad para impedir guerras, hacer cumplir sus resoluciones y convertir la indignación diplomática en resultados concretos.
La presencia de Mahmoud Abbas y Benjamin Netanyahu obliga a medir la utilidad del organismo frente a esa realidad. Si la Asamblea se limita a ofrecer dos relatos incompatibles, acompañados de aplausos previsibles de sus respectivos aliados, habrá perdido otra oportunidad histórica.
Israel tiene derecho a proteger a su población y prevenir nuevas agresiones. Ninguna interpretación legítima del derecho a la autodeterminación puede justificar ataques deliberados contra civiles, secuestros, atentados o la glorificación de la muerte como herramienta política. Hamás y cualquier organización que utilice el terrorismo deben ser enfrentados con firmeza política, financiera, diplomática y de seguridad.
Sin embargo, la legítima defensa no puede transformarse en una autorización ilimitada. La protección de la población civil, la proporcionalidad, el acceso humanitario y la rendición de cuentas también forman parte del orden internacional que las democracias occidentales afirman defender. Israel necesita seguridad, pero esa seguridad no será permanente si depende únicamente de la superioridad militar y no está acompañada por una estrategia política.
A su vez, el liderazgo palestino debe asumir una responsabilidad que durante demasiado tiempo ha sido postergada: construir instituciones transparentes, democráticas y capaces de gobernar sin violencia, corrupción ni subordinación a estructuras armadas. La aspiración a un Estado palestino viable exige mucho más que reconocimiento internacional. Requiere legitimidad interna, administración efectiva, garantías de convivencia y una renuncia inequívoca al terrorismo.
La paz no puede consistir en entregar recursos para reconstruir hoy aquello que volverá a ser destruido mañana. La reconstrucción de Gaza debe concebirse como un proyecto internacional sujeto a controles rigurosos, supervisión financiera, auditorías independientes y mecanismos que impidan el desvío de materiales y fondos hacia la reconstitución de capacidades militares.
Reconstruir carreteras, hospitales, escuelas, redes eléctricas y viviendas será indispensable. Pero también será necesario reconstruir la confianza entre comunidades y recuperar la credibilidad de las instituciones políticas. El cemento puede reparar edificios. No puede, por sí solo, curar el odio ni sustituir la ausencia de una arquitectura de paz.
Por eso la Asamblea General debe avanzar desde la retórica hacia una hoja de ruta verificable: liberación de las personas secuestradas, protección efectiva de los civiles, acceso humanitario seguro, neutralización de las organizaciones terroristas y establecimiento de órganos confiables para administrar la reconstrucción. Estas medidas deben conducir a una negociación política que reconozca las necesidades legítimas de seguridad de Israel y los derechos políticos del pueblo palestino.
La solución de dos Estados continúa siendo la referencia diplomática más extendida. Sin embargo, repetir la fórmula sin crear las condiciones necesarias para aplicarla está convirtiéndola en una consigna cada vez más distante de la realidad. Una propuesta viable necesitará fronteras negociadas, garantías internacionales, arreglos de seguridad, instituciones palestinas legítimas y reconocimiento recíproco.
También requerirá frenar a los extremistas de ambos lados. Los grupos que glorifican el terrorismo y los sectores que rechazan toda posibilidad de autodeterminación palestina terminan alimentándose mutuamente. Cada atrocidad fortalece a quienes sostienen que la convivencia es imposible.
Los discursos de esta jornada se producen, además, junto con intervenciones de países latinoamericanos como Bolivia, Uruguay y Colombia, y del presidente del Consejo Europeo, António Costa. La agenda incluye simultáneamente una reunión de alto nivel destinada a abordar las amenazas existenciales provocadas por el aumento del nivel del mar y a fortalecer la cooperación con los países en desarrollo y las comunidades costeras vulnerables.
Esta coincidencia revela una verdad incómoda: mientras las potencias y los bloques diplomáticos concentran enormes recursos en conflictos prolongados, otras amenazas globales continúan avanzando. El cambio climático, las pandemias, la proliferación nuclear, la inteligencia artificial y la inseguridad alimentaria no esperarán a que el Consejo de Seguridad supere sus divisiones.
Para la República Dominicana, un Estado insular expuesto a los efectos climáticos y dependiente de la estabilidad del comercio internacional, la tercera jornada también posee una dimensión estratégica. La interrupción de rutas marítimas, el encarecimiento de la energía y la fragmentación geopolítica repercuten en los costos logísticos, la seguridad alimentaria, el turismo y el desarrollo nacional. La diplomacia dominicana debe respaldar un multilateralismo eficaz, respetuoso del derecho internacional y comprometido con resultados que protejan a los países pequeños.
La neutralidad frente al terrorismo no es prudencia diplomática. Es renuncia moral. Pero la indiferencia ante el sufrimiento de civiles tampoco puede presentarse como realismo estratégico. Una política exterior responsable debe condenar simultáneamente el terrorismo, el antisemitismo, la islamofobia, los ataques contra poblaciones civiles y cualquier práctica que destruya las condiciones de una paz futura.
La ONU será relevante si logra convertir esas posiciones en obligaciones verificables. Para ello necesita fortalecer la supervisión de la ayuda humanitaria, exigir transparencia a todas las partes y diferenciar claramente la protección de los civiles del respaldo político a organizaciones armadas.
Benjamin Netanyahu debe explicar cómo la defensa de Israel puede conducir a una seguridad duradera y no solamente a una superioridad militar temporal. Mahmoud Abbas debe demostrar que el proyecto palestino puede ofrecer instituciones responsables, convivencia y rechazo efectivo de la violencia. La comunidad internacional, por su parte, debe abandonar la comodidad de las declaraciones simbólicas y comprometer recursos, garantías y mecanismos de cumplimiento.
El multilateralismo no puede seguir siendo un refugio para la ambigüedad. Debe convertirse en un instrumento de responsabilidad.
La historia no juzgará esta Asamblea por la intensidad de los discursos ni por la cantidad de aplausos obtenidos. La evaluará por su capacidad para disminuir el sufrimiento, contener el extremismo y construir un horizonte político donde dos pueblos puedan vivir sin que la seguridad de uno dependa de la desesperación del otro.
La ONU fue creada para evitar que la fuerza sustituyera permanentemente a la política. Ochenta y un períodos de sesiones después, su desafío continúa siendo el mismo: demostrar que la diplomacia todavía puede modificar el curso de la historia.
La tercera jornada no debe terminar con dos discursos enfrentados. Debe comenzar con una decisión colectiva: la paz será difícil, costosa y prolongada, pero debe ser más poderosa que quienes han convertido la guerra en su única forma de liderazgo.
Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor
🚨🌍 EL MUNDO NO NECESITA MÁS RETÓRICA. NECESITA LIDERAZGO, SEGURIDAD Y PAZ.
La tercera jornada de #UNGA81 reúne en la tribuna internacional las posiciones de Israel y Palestina, con discursos de Benjamin Netanyahu y Mahmoud Abbas en un momento crítico para Gaza y todo Oriente Medio.
🇮🇱 Seguridad para Israel.
🇵🇸 Dignidad y protección para los palestinos.
🎗️ Liberación de los secuestrados.
🛡️ Derrota del terrorismo.
🚑 Ayuda humanitaria transparente.
🏗️ Reconstrucción responsable.
🕊️ Una paz real, verificable y sostenible.
La ONU debe promover soluciones concretas, no ampliar la polarización. Ninguna paz será duradera sin seguridad, justicia, instituciones responsables y renuncia inequívoca a la violencia.
🔥 La historia no juzgará la intensidad de los discursos, sino la capacidad de los líderes para detener la tragedia.
Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor
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