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Sembrar campeones: la escuela como primera cancha del futuro dominicano

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  • La entrega del Centro de Iniciación Deportiva Escolar en el Hogar Escuela Santo Domingo Savio confirma que el deporte escolar no es un complemento ornamental de la educación, sino una política pública capaz de formar disciplina, abrir oportunidades, descubrir talentos y construir ciudadanía desde los barrios, las aulas y las comunidades.

La inauguración del moderno Centro de Iniciación Deportiva Escolar en el Hogar Escuela Santo Domingo Savio, encabezada por el presidente Luis Abinader y ejecutada por el Instituto Nacional de Educación Física con una inversión de RD$38 millones, debe leerse más allá del acto protocolar y de la entrega física de nuevas instalaciones. Su significado más profundo está en la decisión política de colocar el deporte escolar en el centro de una visión de desarrollo humano. En un país donde miles de niños y adolescentes crecen en entornos de vulnerabilidad, desigualdad territorial y falta de espacios seguros para el sano esparcimiento, construir un campo de fútbol, una pista de atletismo, un estadio de béisbol remozado y un polideportivo renovado dentro de una comunidad educativa no es simplemente levantar infraestructura. Es abrir una puerta hacia la esperanza.
El deporte, cuando se asume como política pública, tiene una fuerza transformadora que va mucho más allá de la competencia. Enseña disciplina, respeto, trabajo en equipo, tolerancia a la frustración, sentido de pertenencia y capacidad para luchar por metas superiores. En la niñez y la adolescencia, esas virtudes son tan importantes como cualquier contenido académico, porque ayudan a formar ciudadanos con carácter, autoestima y proyecto de vida. Por eso resulta acertada la afirmación del director ejecutivo del Inefi, Alberto Rodríguez, cuando define los Centros de Iniciación Deportiva Escolar como “laboratorios del deporte”. En ellos no solo se entrenan futuros atletas; también se modelan valores, hábitos y oportunidades.
La obra entregada en el Hogar Escuela Santo Domingo Savio tiene además una carga simbólica poderosa. Esta institución, fundada en 1955 y con más de siete décadas de servicio educativo y social, ha sido un espacio de acogida, formación y movilidad humana para generaciones de niños. Que hoy reciba un centro deportivo moderno confirma que las escuelas históricas no deben quedar atrapadas en la nostalgia ni limitadas por la precariedad. Al contrario, deben ser renovadas para seguir cumpliendo su misión en el siglo XXI. La educación dominicana necesita aulas dignas, tecnología, maestros motivados, alimentación escolar, seguridad, orientación psicológica y también espacios deportivos de calidad. La formación integral no puede proclamarse en discursos mientras se abandona el cuerpo, la salud y el talento de los estudiantes.
Este Centro de Iniciación Deportiva Escolar también expresa una comprensión estratégica del talento. Durante demasiado tiempo, en la República Dominicana se ha confiado en el talento natural como si bastara con que los grandes atletas surgieran espontáneamente de los barrios, los campos y las comunidades. Pero el talento, cuando no encuentra infraestructura, entrenadores, seguimiento técnico y acompañamiento institucional, corre el riesgo de perderse en el camino. El deporte moderno exige sistemas de detección temprana, formación progresiva, nutrición adecuada, competencias organizadas y rutas claras hacia el alto rendimiento. Por eso, la red de Centros de Iniciación Deportiva Escolar impulsada por el Inefi constituye una apuesta inteligente: buscar el talento donde realmente nace, en la escuela, en el barrio, en la comunidad.
La mención de Marileidy Paulino no es casual. Su historia representa la fuerza de miles de jóvenes dominicanos que, cuando reciben una oportunidad, pueden convertir una pista sencilla en una ruta hacia la gloria mundial. Pero por cada atleta que llega a la cúspide, hay muchos otros que nunca logran ser descubiertos por falta de condiciones. De ahí la importancia de acercar la infraestructura deportiva a los centros educativos públicos. No se trata de esperar que el niño llegue a una instalación élite, sino de llevar la oportunidad al lugar donde el niño vive, estudia y sueña. Esa inversión puede cambiar trayectorias personales y también puede cambiar comunidades enteras.
El dato de que más de 40 atletas surgidos de los Juegos Deportivos Escolares organizados durante la actual gestión hayan sido preseleccionados para participar en los Juegos Centroamericanos y del Caribe confirma que el deporte escolar puede ser una cantera real para el deporte nacional. Que seis de ellos ya integren equipos nacionales y que dos tengan proyección de medallas revela una conexión virtuosa entre escuela, competencia, detección de talento y alto rendimiento. Esa cadena debe protegerse, profesionalizarse y ampliarse. La República Dominicana, que ha demostrado capacidad para brillar en escenarios internacionales, necesita convertir esos éxitos en sistema, no en episodios aislados.
La entrega de esta obra también se inscribe en una visión más amplia de inversión en infraestructura deportiva impulsada durante la gestión del presidente Abinader, que incluye remozamientos en espacios emblemáticos como el Centro Olímpico Juan Pablo Duarte, la renovación del Parque del Este y la construcción de techados deportivos en escuelas y clubes. Estas acciones adquieren mayor sentido cuando se entienden como parte de una política que conecta deporte, educación, juventud, salud pública y prevención social. Un niño integrado al deporte tiene más posibilidades de cultivar disciplina, construir amistades positivas, alejarse de riesgos sociales y desarrollar confianza en sí mismo. En ese sentido, una cancha bien gestionada puede ser también una política de seguridad ciudadana, una estrategia de salud preventiva y una herramienta de inclusión.
La comunidad educativa del Hogar Escuela Santo Domingo Savio recibe ahora una responsabilidad proporcional al valor de la obra. Cuidar estas instalaciones no debe ser una consigna ceremonial, sino un compromiso de gestión comunitaria. Las infraestructuras públicas solo generan verdadero impacto cuando se preservan, se programan adecuadamente, se usan con equidad y se convierten en espacios vivos. El Gobierno entrega la obra, pero la comunidad debe convertirla en cultura, pertenencia y disciplina colectiva. Cada estudiante que corra en esa pista, cada niño que patee un balón en ese campo, cada joven que encuentre en el deporte una razón para superarse, será la mejor forma de defender esa inversión.
Lo ocurrido en Santo Domingo Savio permite afirmar que el país avanza hacia una comprensión más completa de la educación. Ya no basta con hablar de cobertura escolar o de infraestructura básica. La pregunta fundamental es qué tipo de ser humano se está formando en las escuelas dominicanas. Si el país aspira a competir en una economía global, reducir desigualdades, fortalecer la cohesión social y preparar generaciones más sanas, resilientes y productivas, debe apostar por una educación que integre mente, cuerpo, valores y habilidades para la vida. El deporte escolar cumple precisamente esa función: convierte la escuela en un territorio de formación integral.
La República Dominicana necesita más centros como este, no como obras aisladas, sino como parte de un mapa nacional de oportunidades. Cada provincia, cada municipio y cada comunidad educativa deben tener acceso a espacios donde el talento pueda ser descubierto antes de que la falta de apoyo lo condene al anonimato. La verdadera democratización del deporte comienza cuando un niño de cualquier origen social puede entrenar en condiciones dignas, recibir orientación técnica y soñar legítimamente con representar a su país.
Por eso, la inauguración del Centro de Iniciación Deportiva Escolar del Hogar Escuela Santo Domingo Savio no debe verse como una simple entrega de instalaciones. Es una apuesta por el futuro. Es una inversión en la niñez. Es una señal de que el deporte escolar puede convertirse en una de las grandes plataformas de movilidad social de la República Dominicana. Allí donde antes había aspiraciones limitadas por la falta de espacios, hoy se abre una cancha para el talento, una pista para la disciplina y un horizonte para los sueños. Porque los campeones no nacen solamente en los grandes estadios; muchas veces comienzan a formarse en el patio de una escuela, bajo la mirada de un maestro, con el apoyo de una comunidad y con la decisión de un Estado que entiende que invertir en sus niños es la forma más noble de construir nación./
Luis Orlando Díaz Vólquez / #GuasábaraEditor