
El atentado contra Neria Leiter recuerda que el terrorismo no solo busca asesinar personas: pretende destruir la convivencia, normalizar el miedo y desacreditar los valores democráticos. Israel y Estados Unidos deben responder con firmeza, pero también con la legitimidad política, jurídica y moral que distingue a las democracias de sus enemigos.
Por Luis Orlando Díaz Vólquez
El ataque con un vehículo perpetrado cerca de Beit Horon, en Cisjordania, que dejó gravemente herido al reservista Neria Leiter, hijo del embajador israelí en Estados Unidos, Yechiel Leiter, no puede reducirse a una estadística más dentro de un conflicto que parece no tener fin. Las autoridades israelíes informaron que el conductor embistió un puesto de control y que fue abatido por las fuerzas de seguridad. Leiter fue trasladado al Centro Médico Shaare Zedek, en Jerusalén, con heridas graves.
La tragedia adquiere una dimensión todavía más dolorosa porque otro hijo del embajador, el mayor Moshe Yedidya Leiter, murió combatiendo en Gaza en noviembre de 2023. Neria continuó prestando servicio en la reserva después de aquella pérdida familiar. El hecho de que Hamás alabara el atropello, sin reivindicar formalmente su autoría, revela nuevamente la degradación moral que supone celebrar la violencia deliberada como instrumento político. NBC News también informó que el ataque fue elogiado por Hamás.
No existe causa nacional, religiosa o territorial que convierta el atropello intencional, el asesinato de civiles, el secuestro o la glorificación de la muerte en formas legítimas de resistencia. El terrorismo no libera pueblos. Los encadena al miedo, prolonga los conflictos y entrega el futuro de generaciones enteras a quienes construyen su poder sobre cadáveres.
Por eso Israel tiene derecho a proteger a sus ciudadanos, perseguir a los responsables de actos terroristas y prevenir nuevos ataques. Negar ese derecho equivale a exigirle a una democracia que permanezca indefensa frente a organizaciones que rechazan su existencia. Sin embargo, defender a Israel no significa aprobar automáticamente cada decisión de su Gobierno, de sus fuerzas militares o de los grupos extremistas que operan dentro de su propia sociedad. La solidaridad democrática debe ser firme, pero nunca incondicional frente a posibles abusos.
Esa distinción es esencial. El verdadero respaldo a Israel no consiste en silenciar sus contradicciones, sino en reconocerlo como una sociedad plural que debe preservar sus instituciones, su independencia judicial, su libertad de prensa y su capacidad de fiscalización. Freedom House clasifica a Israel como un país “libre”, con una puntuación de 73 sobre 100, y lo describe como una democracia parlamentaria multipartidista con instituciones independientes. El mismo informe advierte, sin embargo, sobre presiones políticas contra la independencia judicial y desigualdades que afectan a minorías árabes y otros grupos.
Occidente se debilita cuando confunde lealtad con complacencia. Su superioridad política y moral no proviene únicamente de su poder militar, tecnológico o económico. Procede de la democracia constitucional, la separación de poderes, la libertad de expresión, las elecciones competitivas, la prensa independiente y el sometimiento de los gobernantes a la ley.
Estados Unidos continúa siendo indispensable para la arquitectura democrática global. Su alianza con Israel representa un factor estratégico frente al terrorismo, la expansión iraní y las fuerzas autoritarias que pretenden sustituir un orden basado en reglas por otro determinado por la coerción. Pero Washington solo puede liderar eficazmente ese bloque si protege dentro de sus fronteras los principios que promueve en el exterior.
En ese sentido, una decisión judicial ordenando restablecer el acceso de CNN y otros medios a la Casa Blanca, mencionada entre las noticias del 24 de septiembre, debe interpretarse como una demostración saludable del funcionamiento de los contrapesos institucionales, no como una humillación para el Gobierno. Una democracia demuestra su fortaleza cuando un tribunal puede limitar al poder ejecutivo y cuando los periodistas pueden formular preguntas incómodas sin ser castigados por su línea editorial.
La situación internacional exige esa coherencia. Freedom House determinó que la libertad global disminuyó por vigésimo año consecutivo durante 2025. El Informe sobre la Democracia 2026 de V-Dem sostiene que los niveles mundiales de democracia han retrocedido hasta valores comparables con los de finales de la década de 1970, y examina específicamente el proceso de deterioro democrático en Estados Unidos. International IDEA agrega que, por undécimo año consecutivo, fueron más los países que retrocedieron que los que avanzaron en su desempeño democrático, con deterioros especialmente visibles en la libertad de expresión, la libertad de prensa y la eficacia parlamentaria.
Estos diagnósticos no deben ser utilizados como propaganda contra Occidente. Deben funcionar como advertencias para su renovación. Las democracias poseen una ventaja que las autocracias no pueden reproducir genuinamente: pueden reconocer errores, corregir políticas, sustituir gobernantes y reformar instituciones sin destruir el sistema político. La autocrítica democrática no es decadencia. Es capacidad de supervivencia.
La defensa de Israel tampoco puede ignorar la aspiración palestina a vivir con seguridad, dignidad y autodeterminación. El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, ha advertido que la expansión de asentamientos, los puestos avanzados y la violencia de colonos están debilitando las condiciones para un Estado palestino viable. También reafirmó que la solución de dos Estados continúa siendo el camino hacia una paz duradera.
Una posición occidental responsable debe, por tanto, sostener simultáneamente varias verdades: Israel tiene derecho a existir y defenderse; el terrorismo debe ser rechazado sin ambigüedades; los civiles palestinos poseen derechos inalienables; la expansión territorial no puede sustituir una estrategia de paz, y un eventual Estado palestino deberá descansar en instituciones democráticas que renuncien inequívocamente al terrorismo, impidan su financiamiento y acepten la coexistencia con Israel.
No habrá paz sostenible si Hamás conserva capacidad militar, glorifica los ataques o convierte a la población civil en instrumento de su estrategia. Tampoco habrá seguridad permanente si las respuestas israelíes alimentan un ciclo interminable de desplazamiento, radicalización y desesperanza. La victoria estratégica no consiste solamente en neutralizar atacantes. Consiste en impedir que aparezca una nueva generación dispuesta a reemplazarlos.
Occidente debe recuperar una política exterior basada en la fuerza legítima, la disuasión creíble y la claridad moral. Debe apoyar a Israel frente al terrorismo y a Estados Unidos en la defensa del orden democrático internacional. Pero también debe exigirles coherencia institucional, proporcionalidad, rendición de cuentas y respeto por la dignidad humana.
El extremismo quiere obligar al mundo a elegir entre seguridad y libertad, entre la defensa de Israel y los derechos palestinos, o entre patriotismo y pensamiento crítico. Esa es una falsa disyuntiva. La democracia tiene que ser capaz de protegerse sin transformarse en aquello que combate.
El drama de la familia Leiter simboliza el precio humano del terrorismo y merece solidaridad. Pero esa solidaridad debe convertirse en una agenda política superior: derrota de las organizaciones terroristas, liberación de los secuestrados, protección de la población civil, fortalecimiento de Israel como democracia, respaldo a instituciones palestinas responsables y construcción de una paz verificable.
Defender a Occidente exige mucho más que proclamar su poder. Exige conservar su conciencia.
🚨 Solidaridad con las víctimas. Rechazo absoluto a la violencia. 🙏🕊️
El hijo del embajador de Israel en EE. UU. resultó gravemente herido en un ataque terrorista con vehículo en la Ribera Occidental; el agresor murió en el lugar y el hecho fue elogiado por Hamas.… pic.twitter.com/OKGfasBMmM
— Orlando Díaz, Luis (@LuisOrlandoDia1) September 24, 2026
#GuasábaraEditor | Occidente debe defender la democracia sin perder su conciencia















