🇺🇸🇮🇶 Estados Unidos cierra su última gran base militar en Irak, pero el final de una presencia no significa el final del conflicto.
Después de más de 23 años y US$1.7 billones, Washington reduce sustancialmente una intervención que transformó a Irak y redefinió el equilibrio de poder en Medio Oriente. The Wall Street Journal señala que, mientras Bagdad ha experimentado una renovación, las milicias respaldadas por Irán han acumulado una influencia considerable.
La retirada abre una etapa decisiva para la soberanía iraquí, pero también deja una advertencia histórica: el poder militar puede derribar estructuras, pero no sustituye la construcción de instituciones legítimas, seguridad nacional y cohesión social.
🌍 Irak deberá demostrar ahora que puede convertir la salida estadounidense en una oportunidad para fortalecer el Estado, controlar las armas fuera de la autoridad pública y evitar que su territorio vuelva a convertirse en escenario de rivalidades regionales.
📌 La guerra puede terminar para una potencia; sus consecuencias, sin embargo, permanecen durante generaciones.
Tras 23 años y 1,7 billones de dólares, EE.UU. cierra su última base militar en Irak y deja atrás una nación en peligro. https://t.co/chVY5vcyeP
The Wall Street Journal@WSJ
Traducido del inglés— Orlando Díaz, Luis (@LuisOrlandoDia1) September 30, 2026
Irak después de Estados Unidos: cuando retirarse no equivale a haber vencido
El cierre de la última base militar estadounidense concluye una intervención iniciada en 2003, pero deja abierta una pregunta decisiva: ¿podrá Irak transformar la retirada extranjera en soberanía efectiva sin caer bajo el dominio de las milicias, el resurgimiento extremista o la influencia de Irán?
La salida de las últimas fuerzas estadounidenses de Irak, el 30 de septiembre de 2026, cierra un ciclo militar de extraordinario costo humano, financiero y geopolítico. La retirada culmina el acuerdo alcanzado entre Washington y Bagdad en 2024 y pone fin, formalmente, a la misión de la coalición contra el Estado Islámico iniciada en 2014. Las tropas y los equipos restantes abandonaron la base aérea de Erbil, mientras el centro de operaciones de la coalición fue trasladado a Jordania. ,
El balance es tan contundente como incómodo. Estados Unidos sostuvo una presencia intermitente durante 23 años, perdió alrededor de 4,500 militares y destinó, según la estimación citada por The Wall Street Journal, cerca de US$1.7 billones. Sin embargo, reducir la historia a esa cifra sería ignorar su dimensión más profunda: la guerra derribó una dictadura, pero no consiguió construir un orden político suficientemente cohesionado, autónomo y resistente a las fracturas sectarias.
La invasión de 2003 se justificó mediante afirmaciones no demostradas sobre armas de destrucción masiva. El régimen de Saddam Hussein cayó rápidamente, pero después llegaron la insurgencia, la violencia sectaria, los abusos de Abu Ghraib y, años más tarde, el ascenso devastador del Estado Islámico. Estados Unidos retiró sus tropas en 2011, pero regresó en 2014 cuando el grupo extremista conquistó amplias zonas de Irak y Siria. ,
Por tanto, la retirada de 2026 no debe confundirse con una conclusión perfecta. El califato territorial fue derrotado y las fuerzas iraquíes poseen mayores capacidades operativas, pero todavía existen células del Estado Islámico. Washington afirma que mantendrá cooperación antiterrorista, entrenamiento selectivo y apoyo de inteligencia dentro de una relación bilateral distinta de la ocupación militar. ,
El desafío más grave está dentro del propio Estado iraquí. Las milicias alineadas con Irán han adquirido influencia militar y política, mientras varias organizaciones armadas se resisten a entregar sus armas. Algunos grupos han aceptado someterlas a la autoridad estatal, pero otros han condicionado o rechazado el desarme. La soberanía, por tanto, no se alcanzará únicamente con la salida del último soldado extranjero. Existirá plenamente cuando ninguna facción armada pueda competir con el Gobierno, condicionar sus decisiones o utilizar el territorio iraquí como plataforma de confrontación regional. ,
Irán podría beneficiarse estratégicamente de la desaparición de un contrapeso militar estadounidense. Expertos iraquíes advierten que las organizaciones cercanas a Teherán podrían traducir la retirada en mayor influencia sobre las decisiones políticas y de seguridad. Otros sectores, particularmente en la región kurda, temen la pérdida de capacidades defensivas y una posible apertura para la reorganización extremista. ,
Pero tampoco sería justo negar el derecho de Irak a gobernarse sin una presencia militar extranjera indefinida. Ninguna nación puede construir legitimidad permanente bajo tutela. La salida estadounidense representa una oportunidad histórica si Bagdad fortalece el Estado de derecho, profesionaliza sus instituciones, integra responsablemente sus fuerzas de seguridad y establece relaciones equilibradas con Washington, Teherán y sus vecinos árabes.
La gran lección de Irak trasciende sus fronteras: la superioridad militar puede destruir un régimen, pero no fabricar legitimidad; puede conquistar una capital, pero no reconciliar una sociedad; puede ganar batallas, pero no sustituir la política.
Estados Unidos abandona su última base. Ahora Irak deberá demostrar que la ausencia de ocupación puede convertirse en presencia efectiva del Estado. De lo contrario, el vacío no será llenado por la soberanía, sino por quienes poseen más armas, influencia y capacidad para imponer su voluntad.
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