
El debate que ha abierto el economista Antonio Ciriaco Cruz sobre el peso del servicio de la deuda merece ser recibido con seriedad y, sobre todo, con datos. Nadie en el Gobierno niega que el costo financiero del Estado es hoy la partida que más disciplina exige ni que su trayectoria condiciona el margen de maniobra fiscal de la próxima década. Pero reducir la discusión a la imagen de una deuda que «devora» la inversión y la educación oscurece lo esencial: la República Dominicana llega a 2027 con un presupuesto que por primera vez supera los dos billones de pesos —RD$2,036,844.2 millones— precisamente porque la economía creció, recaudó más y conservó el acceso a los mercados en condiciones que buena parte de la región no puede exhibir.
La estructura del proyecto desmiente la idea de un Estado paralizado por sus acreedores. El gasto de capital aumenta 19.7 % respecto al presupuesto inicial de 2026, mientras el gasto corriente crece 12.3 %. Dicho de otro modo: la inversión pública avanza a casi el doble del ritmo de la operación burocrática. Esa proporción no es un tecnicismo contable, es la expresión aritmética de una decisión política —priorizar obra sobre nómina, largo plazo sobre inmediatez— y es también el criterio que el propio Ministerio de Hacienda y Economía ha definido como ancla del ejercicio: sostener el gasto de capital con un déficit razonable.
Tampoco resiste el examen la tesis de una educación sacrificada. El proyecto mantiene el 4 % del PIB para el sector, canalizado hacia el Plan Decenal de Educación Horizonte 2034, la formación técnico-profesional y la expansión del transporte escolar, con un impacto adicional cercano a RD$12,000 millones derivado de la evaluación del desempeño docente. En salud, las reclasificaciones e incentivos al personal de enfermería superan los RD$8,000 millones, junto a la culminación de hospitales estratégicos, el fortalecimiento de las Unidades de Atención Primaria y la expansión de la Red Nacional de Emergencias. Comparar el servicio de la deuda con el presupuesto educativo es un ejercicio aritméticamente válido, pero conceptualmente tramposo: uno es un compromiso contractual heredado de decisiones acumuladas durante décadas; el otro, una asignación de rango legal que este Gobierno ha honrado sin interrupción.
El marco macroeconómico que sostiene la propuesta —crecimiento real proyectado de 4.75 %, inflación promedio en torno al 4.5 %, ingresos por RD$1,510,574.5 millones (15.7 % del PIB), techo de gasto de RD$1,837,856.0 millones (19.2 % del PIB) y un déficit de RD$327,281.5 millones equivalente al 3.4 % del PIB— confirma que el país no navega a ciegas. A ello se suman reservas internacionales por encima de los US$15,000 millones y un crecimiento acumulado de 4.5 %. El ministro Magín Díaz lo sintetizó sin adornos: pese a la coyuntura, el país avanza y la economía vuelve a demostrar resiliencia. Esa resiliencia no es retórica; es exactamente lo que permite que el costo del financiamiento soberano siga siendo manejable en un entorno de tasas internacionales elevadas y volatilidad petrolera.
Dicho esto, la advertencia de fondo del doctor Ciriaco es pertinente y el Gobierno haría bien en adoptarla como agenda propia: transformar pasivos en activos productivos. Eso obliga a acelerar la reducción de las pérdidas del sector eléctrico, que junto a los subsidios a los combustibles drenan más de un punto del PIB; a revisar con rigor las exenciones fiscales que erosionan la base tributaria sin generar empleo ni encadenamientos verificables; y a exigir que cada peso de capital ejecutado —el monorriel de Santiago, la ampliación de la Línea 2 del Metro, los hospitales, el saneamiento en zonas turísticas y costeras— rinda la productividad que justifique el endeudamiento que lo financió. No basta con invertir más: hay que invertir mejor y medirlo.
Duplicar la economía hacia 2036 no se conseguirá dejando de endeudarse, sino endeudándose mejor y gastando con resultados verificables. La deuda solo devora cuando financia consumo; cuando financia infraestructura, capital humano y energía competitiva, construye país. Ese debe ser el estándar con el que el Congreso Nacional y la ciudadanía evalúen el Presupuesto 2027 en las semanas decisivas que vienen.
#GuasábaraEditor | Deuda que se convierte en país: la otra lectura del Presupuesto 2027
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— Noticias RNN (@NoticiasRNN) September 17, 2026


















